..QUE HOY SEA AYER SIN MAÑANA

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sábado, 24 de octubre de 2009

facedill

Todo parte de quién propone: yo u otro. Los impulsos originales se ven atacados antes de que puedan llegar a la superficie. Tal vez me guste hacer el test que me propone Facebook ¿pero fue una decisión mía? El hecho de querer hacerlo evidentemente sí porque me gustó, pero ¿quién puso el test allí para que yo lo viera? Quiero que se entienda: si yo me levanto un día o, pongamos, a media mañana, o a la noche, y tengo ganas de buscar un test de inteligencia en el Google y hacerlo, porque fui yo el motor de mi elección...
Estamos tan bombardeados de propuestas estéticas, éticas, miméticas, eméticas... nos asaltan tan intempestivamente, indiscriminadamente, impunemente a cada paso que damos, desde los carteles publicitarios, tevé y medios en general, que no hay tiempo de pensar y compramos los que nos ofrecen ya que está al alcance de la mano y es tan vistoso ¿pero se nos hubiese ocurrido salir a comprarlo de no mediar la oferta? ¿es algo que necesitamos realmente? ¿Qué necesitamos para sentirnos bien de verdad? ¿No serán otras cosas que no nos ofrecen y sin embargo están allí? (pienso en cosas a las que les llaman en general espirituales, pero hacer el amor es también algo espiritual, qué mierda, y aunque se haga sin amor: me resisto a calificar a la electricidad del orgasmo como algo puramente material--me fui de tema ¿me fui?--).
Estoy tan podrído de ver como estamos siendo deshumanizados y robotizados que lo mío, lo sé, linda con lo reaccionario, pero es el único modo que encontré de defenderme por ahora.
Abro mi correo y me preguntan ¿sabe cuál es su peso ideal? y yo ni en pedo estaba pensando en éso sino en cómo escribirle un correo medianamente inteligente a mi compadre Gus, y, sin embargo, me distraigo, busco mi peso ideal (el que Yahoo dice que es mi peso ideal), me doy cuenta de que estoy gordito (cosa que hace un minuto ni me importaba) y me lanceo con que estoy fuera de estado, de que tendría que hacer régimen y termino comprando una Coca diet. Pero yo quería escribirle un correo a Gus. Tenía la idea y todo pero me distraje y se me disolvió. Ejemplo boludísimo si querés pero la gota horada el vaso: son miles los distractores que nos ofrece la "intelligentzia" de la sociedad de consumo. Estoy convencido que hay que huir de allí y volver a uno mismo (más allá de la revista).

Y no se piense desde estas acres palabras que soy un ratón viejo y bibliotecario que sólo quiere "lo importante": yo también miro películas boludas pero entretenidas de vez en cuando, como pizza, me cago de risa con Tangalanga, miro a la Selección aunque me importe poco el fútbol, y ¡hasta juego al Tetris! además de leer a Jauretche y escuchar música fea.
Y bueno, cada cual huye como puede cuando se da cuenta de que lo persiguen. Veo normal que me miren como a David Vincent cuando hablaba de los Invasores: estamos tan penetrados que no sé como no somos todavía todos gays.

Te mando un abrazo junto a esta reflexión apurada porque ya no me da tanto el marote pero debería escribir más y mejor sobre este tema que me preocupa tanto.
Dill

lunes, 31 de agosto de 2009

RESPUESTA...


..COPADA AL ESCRITO TITULADO MISERIA

http://www.youtube.com/watch?v=9qOdiL88b1U&feature=channel

Traten de verlo entero.
(Digo copada porque mi otra respuesta puede haber resultado un tanto amarga).

Dill

jueves, 27 de agosto de 2009

ACIERTO DEL FALLO


¡Baratito el oxímoron, Señora!

Dill

miércoles, 1 de julio de 2009

Billie

Eduardo Galeano dice de la Holliday:

la que siempre cantaba como nunca.

(si no es uno de los oxímoron más bellos y mejor empleado que hayan leído avisen).
Dill

 

Sí Don Juliooo!!! sí a todo, amo a esta mujer.. por eso me meto en su post pa'gregar algo..
Gus

lunes, 18 de mayo de 2009

Yo quiero ver un tranvía

Me pregunto si la posibilidad que da internet de bajar los discos que uno quiera no atentará contra la emoción que generan los deseos. Otra manera de interrogar acerca de lo mismo sería, parafraseando a Spinetta: ¿Siempre tener nunca desear?
Recuerdo las palpitaciones anticipadas que me asaltaban al acercarse el día de cobro, cuando sabía que iba a ir a comprarme discos al Agujerito, Zival´s o Tower Records (cuando existía). También la emoción de saber que para tal día me iban a traer el disco importado que había encargado y que era imposible encontrar. Esos estremecimientos quietos, por llamarlos de alguna manera, pero que agitaban la alegría del deseo. No hablo del deseo que nunca es satisfecho: eso estará por siempre y lo sabemos gracias al señor Freud. Hablo, y creo que se entiende, del hormigueo que colmaba el tránsito desde el querer hasta el tener, del tiempo eléctrico que pasaba entre que nos asaltaba el deseo y su consecusión.
Me pregunto todo ésto dándome cuenta de que ahora y gracias a la red de redes, no hay mediación temporal que permita ese cosquilleo que nos devoraba durante la espera. Un poco parecido a la emoción que nos recorre antes de emprender un viaje de placer, por ejemplo, y cuya intensidad, dicen, es mayor al placer que se obtiene cuando el viaje ES.
Quiero el último disco de Dave Douglas: 20 minutos de espera y lo tengo y no hago a tiempo para escucharlo porque ya voy en busca del de Ravi Coltrane y... ah... me acordé de otro de David Binney que quería tener. Y los tengo ahí, al alcance de unos pocos clicks. Pienso en aquellos que por su dinero pueden satisfacer todos, pero todos sus deseos y me acuerdo de la frase del aborrecido: "los niños ricos que tienen tristeza". No lo puedo evitar.
No me quejo. Hay en mis estantes discos que ni alucinando con la hierba mejor me hubiese atrevido a pensar que tendría alguna vez. Tengo discos para escuchar sin cansarme hasta el día que me muera aún si me muriera dentro de décadas. Y sé que el asunto ahora es parar. Estoy en éso. En parar. Quiero sacar otra vez boleto de ida en el tranvía que Tenesse Willams llamó deseo.
Siempre desear, nunca tener es tan jodido como su contrario.
¿O no?
Dill

sábado, 9 de mayo de 2009

Poema (hasta ahora) inédito de Julio Cortázar


de tu cuerpo me gusta tu sexo


de tu sexo me gusta tu boca


de tu boca me gusta tu lengua


de tu lengua me gustan tus palabras


(de su último libro "Papeles Inesperados")

Dill

viernes, 8 de mayo de 2009

Disculpen la molestia

Por Eduardo Galeano

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.
//
(publicado por Página/12 el 07/05/09)

Dill

miércoles, 22 de abril de 2009

MAGIA

"¡Creer! He allí toda la magia de la vida".
Raúl Scalabrini Ortiz

Me gustó la frase por su síntesis que en cuatro palabras abarca un visión totalizadora de una forma posible de estar en este mundo.
Creer, es decir: poder proyectar, tener sueños, permitirse la esperanza. Sin esas cosas no hay magia en la vida: hay vida a secas o sea: nacer, crecer, multiplicarse (trabajar) y morir. Listo. Se fue. Se acabó.
Pero "creer" con ganas. Oler la zanahoria que se balancea delante de nuestros ojos burros y caminar para alcanzarla. Aunque tal vez el carro llegue y la zanahoria siga allí emanando su aroma sin dejarse tocar. No importa. No hay otra manera. No se puede.
Dirán: es engaño, es ilusión, es ingenuidad. Puede ser. Puedo ser un engañado, un iluso y un ingenuo. Pero hay algo que no quiero dejar de ser: creyente en la magia. Y he de adorar su brillo hasta el final.
Dill.

miércoles, 1 de abril de 2009

Primera piedra

El haber leído lo que leí me enseñó muchas cosas (que suelo olvidar) pero me llenó con una certeza que cada día se vuelve más grande: la humanidad merece, ante todo, piedad. Supongo que lo mismo deben sentir los psicoanalistas: escuchar tantos dramas comunes y que uno piensa únicos, tanta angustia, tantas culpas que uno vive con la certeza de ser un bicho bolita en estado de cuarentena y que no es más que una de las tantas problemáticas universales que nos afectan a todos. Supongo que después de tantos años de ver que "de cerca nadie es normal" uno puede llegar a la conclusión que si nadie es normal entonces TODOS somos normales, que la anormalidad es la norma que nos nombra ante las estrellas con la palidez de un espíritu que todo el tiempo pide ayuda. El ser humano: un pobre bicho arrojado a este mundo extraño para morir, teniendo que recorrer el camino sabiendo lo que le espera al final... En estos días estoy así, con estos pensamientos tristes, melancólicos y aburridos. Que tire si no la primera piedra el que se esforzó para ser "inteligente" o "bondadoso" o, por el contrario, me gustaría saber si existe un primer momento en el que alguien diga "voy a ser malo". Es obvio que la inteligencia, la bondad y la maldad existen en los hombres pero yo creo que todas esas cosas se van construyendo misteriosamente de acuerdo al entorno a los genes y a la suerte (que podría llegar a englobar tanto al entorno como a los genes). Cada vez me cuesta más juzgar a las personas. En el espacio en blanco que aparece al encontrarnos con un boludo y que requiere ser llenado con la palabra "boludo", que es la que siento en el acto, yo termino poniendo "piedad". Ante el mediocre "piedad", ante el molesto "piedad" y sí, también ante el hijo de puta no puedo dejar de tener en el fondo piedad aunque crea que debe ser condenado también en esta tierra con todo el peso de la ley por su hijoputez.
Más allá: veremos.
Dill.

jueves, 5 de marzo de 2009

MI AMIGO INVISIBLE

Yo creía que de chico no había tenído un amigo invisible. Y ahora de grande me vengo a dar cuenta de que lo tuve desde mi adolescencia, más exáctamente desde los quince años. Ese amigo se llama Luis. Se llama Luis Alberto Spinetta y desde entonces me acompaña como sólo los amigos saben acompañar. Porque Luis estuvo desde aquel entonces siempre muy cerca de mí. Y hasta en los sueños conversamos y nos suceden cosas extrañas. Porque siempre sueño con Luis (y de esto pueden dar cuenta mis otros amigos, los visibles porque les cuento de él y me creen).
Cada tres o cuatro semanas ahí está él, apareciendo en mi noche con su luz, habitando mi soñar. Y charlamos como charlan los amigos y, aunque ustedes no me crean, me toca temas que no están en ninguno de sus discos (es una lástima que me abisme tanto por esas melodías y letras increíbles y no pueda escribirlas cuando me despierto porque algunas me las olvido mientras las recuerdo asombrado y sin querer darle final a la memoria, y otras se van borrando lentamente hasta que me doy cuenta que es tarde y debía haber buscado una lapicera). Y hasta llegó a adelantarme cómo sería la tapa de su próximo disco (pero algo debió haber pasado en el camino porque cuando salió el disco la tapa ya no era la misma). Ayer a la noche, por ejemplo, estuvimos discutiendo --como discuten los amigos-- acerca de la tapa de su última obra, Un Mañana, y yo le decía que no me gustaba demasiado y él la defendía con ardor.
Luis me recomendó libros como recomiendan todos los amigos. Por ejemplo me pidió que leyera a Antonin Artaud, Las Enseñanzas de Don Juan de Castañeda, El secreto de la Flor de Oro de Jung, en dónde se habla del ánima, del animus, y de los mandalas y duraznos que sangran. Me hizo leer uno de los libros más impactantes que leí en mi vida que es Vigilar y Castigar del gran filósofo francés Michael Foucault. Me recomendó discos y hasta alguna que otra película.
Y también nos visitamos de día. En realidad de día soy yo el que lo busco (quizás respondiendo a su llamada invisible) y lo escucho cantar y decirme cosas desde sus discos. Cosas que me hacen reflexionar acerca de la vida, de cosmogonías casi religiosas que me conmueven con sus espacios y visiones del amor.
Nadie nos ve nunca juntos y por eso creo que debo llamarlo mi amigo invisible. Pero me acompaña como uno más y, como mis otros amigos, me agranda el alma.
Dill

El dueño de la editorial.. ¿puede reescribir algo ajeno? Ma sí..
http://macondo6.blogspot.com.ar/2009/03/mi-amigo-invisible_8072.html

Gus

miércoles, 4 de marzo de 2009

A FLOTE




no es fácil
salvarse del naufragio
del mundo
ni mantenerse a flote
sin ser superficial
cuando todo parece
un mar gastado
y las islas escapan
como si quisieran vagar

hay días en los que uno
se tira por la borda para poder
rescatarse
ahogado y sin aliento para darse
respiración boca a boca
como si uno
fuera otro
y pudiera así volver a nadar


alcanzar las islas
ser pez en tierra
la vida es sueño

Dill

viernes, 27 de febrero de 2009

Dar el alma

Y, sí. Porque lo que sigue de alguna misteriosa manera refleja éso que han dado en llamar alma y que no se sabe muy bien qué es pero que está. Éso que al volar de aquì hace de nosotros una porquería vacìa. Y yo me resisto a creer que seamos la nada que ya empieza a pudrirse en un cajón.
Entonces: pedacitos de mi alma. Esta vez con un tema que los une y que podrìamos llamar amor...o desamor.

UN POLVO

All you need
el polvo caído sobre una armónica
relación más la humedad
que desalienta los tonos
no hacen otra cosa
que reflejar la ley
de gravedad.


ESPIRAL

is
no deja nunca
espiral
de sorprender a las manos
nadie
se acaricia dos veces
en tu misma
piel.


ROCE

love
para rozar un olvido
que los ojos no cejan
él murmura una y otra
vez cuando ella entra
los labios y deja
caer ramas por dar.

el vacío que se ve
trama la noción
de las preguntas entre sí.

Dill

viernes, 23 de enero de 2009

¡Feliz cumple, Flaco! (Dill)


Nunca me oíste en tiempo


Que sombra extraña,

en tus ojos,

no sé que hago,

aquí en el sol...

siento esta memoria,

no sé qué dice...

Que extraña niebla,

en tu ojos,

ya no recuerdo,

los tiempos idos,

pero que extraña niebla...

Y en el diluvio tal vez,

me acercaré,

seré la lluvia,

que todo lo cambiará...

Nunca me oíste en tiempo...

siempre tuvíste miedo...

y solo había gramilla...

solo una idea,

y nada más...

Que lento sueño,

tu supuesto sueño,

que largo día,

hasta llegar aquí,

perdíste tiempo,

como la noche,

yo mañana vuelvo...

Que inmenso mundo,

si supieras,

te esperaría aquí,

en el sol pero que lenta calle...

Y en el diluvio,

tal vez me acercaré,

seré como la lluvia,

que todo transformará...

Nunca me oíste en tiempo,

nunca me oíste en tiempo...

siempre tuvíste un poco de miedo...

pero ahora estás a tiempo...

(escucha)
Dill

miércoles, 21 de enero de 2009

¿Disfraz?

Para G

Julio Cortázar decía algo así como que había que crecer pero sin dejar de escuchar al niño que fuimos (y no sé por qué empariento esa manera de pensar a la frase del Che que decía que había que endurecerse sin perder la ternura jamás). Como en otros aspectos de la vida pienso que lo anterior puede, de alguna manera, alentarse, "trabajarse" o al menos intentarse, pero en definitiva creo que es algo que se tiene o no. Digo: el niño que fuimos, el adolescente que nos habitó, estará más cerca o más lejos de estos adultos en los que nos hemos convertido debido más que nada a aquellos azares que conformaron nuestra personalidad y nada más (al menos hasta que algún científico malhumorado "descubra" que hay un gen que en algunos impulsa a ese niño-adolescente para que intente asomar sus travesuras a través de nuestros ojos de hombre). Mientras tanto doy gracias al espíritu que las merezca por tener siempre al alcance de mi mirada a ese infante que no me tira piedras sino que me convida a estar con él , a ese jóven que no deja de tener veinte años y todos los deseos del mundo y me dice "soñemos" y no "viejo de mierda". Algunos juegos de la infancia prefiguran al adulto que seremos: no puedo olvidar una fotografía (que aún conservo) de unos carnavales de cuando tenía diez años. Estamos con los pibes del barrio disfrazados mirando de costado ya que el sol de la tarde nos hería los ojos en aquella calle de Lanús: mi hermano de payaso, Miguel de espantapájaros, uno se había pintado con corcho quemado la cara y decia que él era un Negro y otro era un fantasma de clásica sábana agujereada en los ojos. Yo me había pintado, también con corcho, una barba y unos bigotes, había conseguido una camiseta media rota, había recortado unos "vaqueros" que ya no usaba y dejado las hilachas colgantes y me había puesto mis zapatillas Flecha. Hasta aquí imposible descifrar de qué corno estaba yo disfrazado. Pero éso lo resolví escribiendo en la camiseta con carbón y trazos gruesos y en diagonal hacia abajo la palabra que le daba nombre a mi disfraz y a lo que yo quería ser: yo escribí con temblorosas letras en el pecho de esa camiseta la palabra "Hippie". Eso quería ser yo a los diez años (pleno auge del hippismo -y de mi infancia-). Y estoy orgulloso de ese disfraz (de ese deseo temprano). Porque "Hippie" en mi mente infantil quería decir libertad, cosas espirituales, música, cagarse en los convencionalismos, amor, juegos y risas que esos grandotes, esos "viejos" de veinte, treinta, ostentaban con alegría en el barro de Woodstock. No se parecían a esos otros "viejos" a los que les gustaba vestirse de traje y corbata, que se habían olvidado de jugar, que estaban todo el tiempo con la seriedad de los serios, que buscaban tener cada vez más dinero y más cosas y que ya nunca más iban a abrir la puerta para encontrar maravillas en el país de Alicia. Mantener el niño cerca de nuestra carne que va conociendo las pequeñas y tenaces arrugas y canas me parece que hace la vida más apetecible. No he cambiado mucho desde mi adolescencia, he tratado de mejorar lo mejorable y no empeorar lo empeorable, me llena la vida la música y trato de abrir siempre la mejor puerta que existe y que se llama fantasía: allí no hay juegos prohibidos para ningún cincuentón. Sigo teniendo los mismos ideales y casi los mismos poquísimos amigos de entonces. No alejarse del niño que fuimos y seguir pensando como Spinetta: que "Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca" son dos de mis banderas más queridas. Yo todavía soy aquél disfrazado de hippie. Quizás sea ése el logro más importante de mi vida de "adulto" y eso, aunque no me haya costado ningún esfuerzo, me enorgullece.

Dill

lunes, 12 de mayo de 2008

Por ahora

Por Dill
Pero...
Lo terrible para este país me parece que radica en que no hay nada más allá del horizonte K. Y entonces no nos queda otra (porque no nos queda otra) que ir tratando de ver cómo criticamos a los K sin llevar agua para los tantos molinos de acero, muerte y egoísmo que hay más allá de esa letra.
Repasemos. Dejando de lado lo más importante que es la derecha, es decir quienes tienen el verdadero poder en el mundo ¿qué nos queda? ¿Ir donde Lilita "yo veraneo en Punta" Carrió que apoya a los piqueteros campestres y parece defecar pequeños soretes-República, ya que es lo único que aparenta morfar? ¿Abrevar en los radicales que deberían, por lo menos, ir pensando en cambiarse el nombre? Antes la lobotomía, please. Y, last but not least, nos queda la izquierda Argentina. ¿Nos queda? Vergüenza ajena dan esos puñados de come-hombres-crudos que parece que vivieran en la octava dimensión de alguna galaxia perdida más allá de la Via Láctea, siempre a punto de tomar el Palacio de Invierno (algunos de ellos apoyando a los campestres porque dicen que "la peonada está soliviantada" y que la revolución está al caer y otros cuatro saliendo de alguna de sus reuniones con cinco ideas diferentes). A veces me da cosa decir que me siento un tipo netamente de izquierda.
Entonces. Entonces. Entonces.
Repito: el peligro más grande para el País es que no hay oposición creíble y que lo más creíble resulta ser algo que en otros tiempos nos hubiera parecido increíble estar (de alguna manera) sosoteniendo. Me refiero a los K. Sí. Literalmente no queda otra. Por ahora.
Dill
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De acuerdo
Sí compadre, lo terrible es que no hay nada más allá del horizonte K, nada en qué confiar, nada mejor. Entonces no nos queda otra... por ahora (el "por ahora" debe escucharse como con efecto fade out, bajando el volumen, ya que lo agrego sin convicción: el optimismo nunca fue una de mis gracias). De lo que hay, los K son lo preferible; dentro de la basura, lo menos nocivo.
Yo critico a los K con la mayor dureza, me despacho a gusto en mi blog porque sé que por acá no corren aguas que desemboquen en lagunas inconvenientes, ni soplan vientos de molinos de acero, ni existe la menor posibilidad de que mis opiniones se confundan, o se pretenda usarlas en otros contextos de oposición a los que no adhiero: ¿quién carajo soy yo? no existo...

Gus


miércoles, 30 de abril de 2008

A QUIEN CORRESPONDA

aporte de Dill

Un poema de Oliverio Girondo

QUE LOS RUIDOS TE PERFOREN LOS DIENTES...

Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.

Oliverio Girondo

jueves, 17 de abril de 2008

Honor o muerte

Por Juan Gelman

El 5 de junio se cumplirán tres años del suicidio en Irak del coronel norteamericano Ted Westhusing. Lo habían ascendido pocas semanas antes y le faltaban cinco para terminar su misión en el país ocupado. Lo encontraron en su trailer con el orificio de un tiro detrás de la oreja izquierda disparado por su Beretta 9 milímetros de servicio. En realidad, no se mató él: lo mató su sentido del honor militar.
No pocos veteranos de Irak y Afganistán se han suicidado –687 al 30 de marzo de 2007 (The Independent, 1-4-07)– sea en pleno servicio, sea al volver a casa, por razones que un grupo de psicólogos de las fuerzas ocupantes sigue investigando. Las que llevaron a la muerte de propia mano al coronel Westhusing –el de mayor grado hasta el momento– parecen claras, al menos la principal: su descubrimiento de la carencia de valores militares en los que creía profundamente. Era profesor de filosofía y de inglés en West Point, se había licenciado en estrategia militar y en filosofía rusa, publicaba trabajos acerca de su tema central, la ética militar. Su tesis de doctorado en Filosofía de la Universidad de Emory, Atlanta, se tituló “La virtud competitiva y cooperativa en el ethos bélico estadounidense”, un texto que exige del “guerrero que consagre todo su ser a la defensa de la Constitución de EE.UU., a la que ha jurado lealtad” (Texas Observer, 9-3-07), de lo cual era un practicante verdadero.
A fines del 2004, convencido de que el cumplimiento de sus ideales le demandaba acudir a la guerra inventada por W. Bush, abandonó la seguridad de la cátedra para ofrecerse como voluntario en Irak. Fue destinado al comando multinacional de seguridad bajo las órdenes directas de los generales Joseph Fil y David Petraeus, el mismo que, hoy comandante en jefe de las tropas ocupantes, compareció la semana pasada ante el US Senate para demandar que se eternice la ocupación de Irak. Asignaron a Westhusing la tarea de supervisar el trabajo de USIS (US Investigation Services), una empresa privada que el Pentágono contrató para entrenar a tropas del “gobierno” iraquí en operaciones antiterroristas especiales. Entonces se vio cercado por las contradicciones entre el filósofo que se hace preguntas y el soldado que debe obediencia.
El contrato de USIS por valor de 77 millones de dólares obliga a la firma a proporcionar instructores en materia de seguridad y su único gasto es el pago del salario de los 15 mercenarios israelíes que envió a Irak, unos 7500 dólares mensuales por cabeza. Westhusing comprobó que algunos de ellos no cumplían su labor, que USIS robaba al gobierno y que ese personal asesinaba a su antojo a civiles iraquíes. Elevó a sus superiores un detallado informe sobre la corrupción imperante y la respuesta fue un silencio que lo llevó a pensar que la situación también beneficiaba a sus jefes. Así comenzó a descender las gradas de la alarma y la desesperación.
“En los e-mails que enviaba a su familia, Westhusing se mostraba particularmente turbado por una conclusión que se le impuso: valores militares tradicionales con el deber, el honor y el país habían sido reemplazados por el afán de lucro en Irak, donde EE.UU. ha llegado a depender excesivamente de los contratistas para tareas que antes realizaban los militares” (The Hufftington Post, 10-4-08). Junto al suicida yacía una carta de cuatro páginas, escrita en letras mayúsculas, que dirigió a Fil y Petraeus. Dice en su párrafo inicial: “No estoy seguro de si puedo confiar en ustedes o no” (www.texasobserver.org, 9-3-07).
La carta no habla a medias: “Gracias por decirme que era un buen día hasta que les informé (sobre USIS). A ustedes sólo les interesa la carrera y no el apoyo a su personal... No puedo ser parte de una misión que entraña la corrupción, el abuso de los derechos humanos y la mentira. Estoy harto, ya no más. No decidí voluntariamente (venir a Irak) para secundar la corrupción, a los contratistas ávidos de dinero, a comandantes sólo interesados en ellos mismos. Vine para servir honorablemente y me siento deshonrado... ¿Para qué servir cuando no se puede cumplir la misión, cuando ya no se cree en la causa, cuando cada esfuerzo que uno hace choca con mentiras, la falta de respaldo y el egoísmo? Ya no más. Mírense a sí mismos, comandantes. Ustedes no son lo que piensan que son y yo lo sé” (www.alternet.org, 10-4-08). Lo supo y entró en una profunda depresión. La semana anterior al suicidio se lo vio desanimado, ausente de lo que sucedía y a menudo mirando fijamente su Beretta 9 milímetros. El católico Westhusing, soldado y filósofo, sólo encontró esa manera de terminar con el pisoteo manifiesto de su fe en el honor militar. Hay desilusiones que matan.

artículo aparecido en Página/12 el 17/04/08
aporte de Dill

martes, 15 de abril de 2008

FRASE

Dijo Noam Chomsky:
"Los medios de comunicación son a la democracia lo que la cachiporra a las dictaduras".
aporte de Dill

martes, 1 de abril de 2008

CÓMO HACER UNA CRÍTICA MUSICAL

aporte de Dill
A pesar de no estar de acuerdo en todo (soy un fanático de Pat Metheny y no me parece que tenga discos malos ni que sea tan fácil de escuchar para todo el mundo), no puedo dejar de sacarme el sombrero ante el maestro crítico Don Diego Fischerman que escribió esta nota en el suplemento Radar del diario Página/12 del domingo 30 de marzo. Ahí va:

Esto es América

Por Diego Fischerman
Pat Metheny es el músico de jazz más conocido de las últimas décadas. Pero también el más discutido: fue él quien desafió los cánones clásicos introduciendo elementos folklóricos, melodías acusadas de blandas y sociedades musicales poco ortodoxas. Sin embargo, cada uno de sus discos buenos (también están los otros) termina demostrando que tiene razón. Y Day Trip, grabado junto a Christian McBride y Antonio Sánchez, el mejor trío posible de la actualidad, no es la excepción.
Pat Metheny es un blanco fácil. En una época en que el feísmo se ha convertido en sinónimo de pathos y en que la desprolijidad es signo de altura artística, bastan, para la descalificación, la buena técnica, el cuidado de una producción, la búsqueda del equilibrio en un disco o la belleza de su presentación. Metheny reúne en sus buenos discos –también los hay muy malos– cada una de esas características en un grado superlativo. Y, para peor, ostenta otras dos particularidades casi tan malas como ésas: es un melodista y suele rondar elementos estilísticos del folklore norteamericano. Es, en definitiva, un músico blando, apto para la musicalización de documentales sobre la naturaleza o, incluso, de ascensores y bares para jóvenes enriquecidos de vidas tranquilas o psicobolches cacharelizados. Esa es la apariencia –de la cual, es cierto–- pocos pasan. La verdad es otra.
Day Trip, recién publicado localmente, casi al mismo tiempo que en Estados Unidos aunque a un precio notablemente menor, es su primer disco de estudio con el notable trío con el que se viene presentando en vivo, junto al contrabajista Christian McBride y el baterista Antonio Sánchez. Es, desde ya, impecable. Pero, además, es excelente. La interacción entre los tres, los comentarios del contrabajo o la batería a las frases del guitarrista y la manera en que éste toma y reelabora las ideas aportadas por sus compañeros, son para el asombro. Hay exhibición de virtuosismo, es cierto, pero eso, en el jazz, siempre fue un elemento del propio discurso. De lo que se trata es de improvisar al filo de las posibilidades, una especie de equivalente musical de la vida peligrosa, y lo que sucede, simplemente, es que después de por lo menos cincuenta años de canonización, de escuelas de música ultraespecializadas como la Berklee de Boston –donde, de paso, estudió Metheny, y en la que, a partir de ello, uno de sus profesores, Gary Burton, lo incluyó en su grupo–, los límites se han corrido. El límite de las posibilidades, cuando cualquier estudiante puede tocar un solo de Charlie Parker más rápido y con mayor perfección que en el original, es, necesariamente otro. Están, desde ya, quienes construyeron meticulosamente su manera de decir cada vez más con menos elementos (Monk, por ejemplo). Pero también están los otros y no son más ajenos al género que los primeros.
Uno de los mitos del jazz atribuye a los negros una visceralidad ausente en el estilo de los blancos. La vulgata, crecida en escuchas apresuradas y poco atentas, llevó a una rápida identificación de –nuevamente– la desprolijidad con la urgencia expresiva y, obviamente, de lo contrario: la minuciosidad con la falta de trascendencia. Abundan, en el jazz, los negros minuciosos –John Lewis, por ejemplo, que, además, era inmensamente ascético– y los blancos desmañados (que la impericia de Chet Baker se manifestara con un sonido suave no la hace menos ruda). Poco tiene que ver el color con la expresividad. Y poco tiene que ver, también, el cuidado de la forma con la falta de calidad del contenido. La música de Metheny acarrea una paradoja que, en muchos aspectos, va en sentido absolutamente contrario a lo habitual. Debe haber pocas músicas cuya escucha resulte tan fácil (por lo menos en una primera aproximación). Y, no obstante, es, tal vez, una de las músicas más complejas en circulación, dentro de las que provienen de tradiciones populares. Nacido en Missouri, Metheny fue partenaire de Ornette Coleman, Jim Hall, Herbie Hancock, Charlie Haden, Roy Haynes y Dewey Redman, entre otros próceres del jazz. También fue compañero del bajista Jaco Pastorius en su primer trío y como parte del grupo de Joni Mitchell. Tocó con Milton Nascimento y con David Bowie (en la fantástica “This is not America”, compuesta para el film The Falcon and the Snowman de John Schlesinger). Goza del raro privilegio de que Steve Reich haya escrito para él, y de que Luciano Berio, en una inusual mirada sobre el jazz y alrededores, lo señalara, a mediados de los ’80, como “el músico más importante del momento”. Sus aportes, aun si se consideran algunos discos con su grupo como francamente menores, son innegables. En 1980 crispó al mundo del jazz con el americanísimo American Garage y la revista Down Beat publicó cartas de lectores, en contra y en encendida defensa, durante casi un año a partir de su edición. Incorporó al universo del jazz un cierto brasilerismo en el ritmo, un melodismo proveniente del pop, una manera de huir de las escalas estandarizadas y de improvisar angularmente, un concepto de ajuste grupal derivado del mejor rock y cierta funcionalidad de la guitarra rítmica venida desde los Apalaches. El garage americano de Metheny jugaba con mucho del moderno folklore norteamericano, incluyendo la música siempre un poco anónima de las radios FM y el jazz impersonal que la televisión y cierto cine industrial suelen usar como ambientación estandarizada. Los materiales incluían un cúmulo de fuentes poco prestigiosas para el aristocrático jazz neoyorquino. Eventualmente, allí cabían todas las músicas reales del imaginario estadounidense y no sólo las aprobadas por la academia (una academia distinta de la clásica, pero academia al fin). El camino de Metheny es tan complejo y múltiple como su propia música. Si por un lado ha derribado varias de las fronteras edificadas entre el jazz y otros géneros, por el otro es el músico de su generación –cumplirá 53 años en agosto– más respetado por sus maestros y predecesores y, tal vez, si se tienen en cuenta los proyectos en los que ha incluido a muchos de ellos, quien más los respeta. Es, también, uno de los que más ha tocado con contemporáneos, empezando por sus colegas guitarristas –Scofield, Frisell– y llegando a la última nueva estrella del piano, el intelectual Brad Mehldau, con quien toca en dúo y en cuarteto. Sus tríos siempre tuvieron que ver con el lado más improvisado –y, sí, salvaje– de la cosa. Con Pastorius y Moses, con Haden y Higgins –la versión más Ornetteana del formato–, con Holland y Haynes o, más recientemente, con Grenadier y Stewart, es donde siempre tuvo un mayor lugar el lucimiento individual. La nueva fórmula –con un McBride de afinación, fraseo e imaginación paralizantes, y un Sánchez de precisión pasmosa– es, tal vez, la mejor expresión posible de ese concepto. Quienes no gustan del sonido de la guitarra sintetizada que Metheny se empeña en utilizar siempre un poco, deberán pasarlo por alto para disfrutar el semi-reggae “Calvin’s Keys”. Y si la bella balada “Is this America (Katrina 2005)” parece tener poco que ver con el drama invocado en el título, habrá que conformarse con el hecho nada menor de que se trata, precisamente, de una bella balada. Day Trip es, en todo caso, nada más que un soberbio disco de uno de los mejores tríos que puedan imaginarse en este momento.

miércoles, 26 de marzo de 2008

La plaza de las Trillizas

Por Sandra Russo


Hace rato que el campo seduce a la ciudad, tanto como la ciudad seduce al campo. “Yo estoy con el campo”, se leía ayer en las pancartas cuadraditas que exhibían jóvenes de look Cardon, una marca que, dicho sea de paso, tiene en Palermo su “torre rural”. Parece una bizarrada argentina, y acaso lo sea, pero en el sitio web de la marca que impuso la ropa de estancia entre jóvenes y adultos que de estancieros tienen poco, se indica que sus emprendimientos inmobiliarios se originaron en el deseo de que la gente del campo “se sienta en la ciudad como en su casa”.
Algunos barrios de esta ciudad, anoche, estuvieron con el campo, aunque no se sepa muy bien cuál es el lazo que se estrecha, más allá del espanto que los une, y que es el gobierno kirchnerista. Iba a pasar tarde o temprano, pero seguro iba a pasar ante alguna señal concreta de que había llegado la hora de redistribuir un poco, un poquito, algo de lo que tienen y nunca en la historia han cedido de buena fe o buena gana.
Las Trillizas de Oro lo supieron antes que muchos, y por eso hicieron buenos matrimonios: acabado hace rato su cuarto de hora, las chicas fueron noticia solamente porque las tres eligieron casarse con polistas. Hay un glamour polista que recoge cierta muchachada bilingüe, un toque de distinción en alpargatas, un manierismo de mate con la peonada, un aire de familia numerosa y divina que aunque argentina, es rubia y fina. La base social y cultural del nicho citadino que no tiene empacho en arrebatarles a los piqueteros sus piquetes y que desembarcó en las calles con entusiasmo de debutante, encanto del polista.
A propósito, el lunes 24 me equivoqué de marcha, y en lugar de ir a la de los organismos de derechos humanos aterricé en la de las agrupaciones de izquierda. Quien se atuviera a lo que allí se megafoneaba, jamás hubiese comprendido este país, que un día después, un solo día, ofreció en el mismo escenario el espectáculo del sector agropecuario forzando rebelión en la granja.
A pesar del arrebato con el que estas líneas están siendo escritas, hay al menos un par de cosas claras. Quien votó a Cristina Kirchner se presume que votó algo parecido a lo que pasa. Medidas que redistribuyan riqueza. ¿Por qué hasta ahora no se tomaron medidas como éstas? Porque medidas como éstas no son gratis. Porque la riqueza no se suelta. Porque no hay lógica ni ideología capaces de arrancarle a un sector privilegiado algo de lo que tiene. Porque a la redistribución de la riqueza hay que acompañarla y sostenerla y defenderla de la reacción que provoca. Porque para acompañar un proceso de redistribución de recursos y de asignación de torta hay que hablar claro, tener coraje y poner el cuerpo y la cabeza a favor de ese cambio. Porque es más fácil, desde un progresismo previsible, rancio y fofo, seguir boludeando con el bótox o las carteras de la Presidenta.
Hoy hay miles de personas en las calles con pancartitas que dicen “Yo estoy con el campo”, sin que eso signifique otra cosa que estar en contra de este gobierno y de las medidas que pueden rozarles las ganancias. Así ha sido siempre. Siempre han estado a favor de quien les done favores y en contra de quien se los recorte. No los mueve nada más que el bolsillo. No hay otra ideología que el bolsillo, aunque usen alpargatas y salgan de padrinos del hijo de un peón.

Publicado en Página/12 el 26/03/08
aporte de Dill