..QUE HOY SEA AYER SIN MAÑANA

sábado, 28 de marzo de 2009

Balance (sí, otro más)

Debí haberme despojado de algunas taras a tiempo, cuando todavía estaba bien parado en ese ruedo de... desalmadas que... a mí me sonaban así sólo porque... jamás comería lo que cocino, nunca compré lo que vendo, pero... las voces a mi alrededor decían otra cosa, diferente... Aprobaciones... hubo, muchas y valiosas todas, pero fue Ana la que me hizo temblar aquella noche en la casa del gordo Antonio, después de grabar unos blues en el porta studio... eran dos violas y su voz, los solos del gordo eran del carajo, pero la cara de Ana se iluminaba... así, como cuando escuchaba a Janis de pendeja, cuando empezaban los míos, boluuudooo sos un hijo de puta... Nunca debí haber tirado la toalla, pero lo hice, justo en el momento en que mis manos acariciaban el mejor punto y subiendo, y sin embargo preferí quemar todo, vender una, meter la otra en el ropero y... escribir estupideces para justificar lo injustificable. Una pena, vea...
Ahora digo... ¿cuántas veces más, qué me queda por quemar... será el teclado, será...?
Estoy cansado, cansado de verdad... Cansado de mí y de mis estupideces. ¿Por qué los dioses no toman posesión de todo lo que... está claro que no merezco, y se lo transfieren a otro?
No quiero, juro que no quiero seguir haciendo boludeces, pero es que... no encuentro esa puerta que me lleve a hallarme y... aprovecharme, disfrutarme, aceptarme... así, con lo poco o con lo mucho que es lo que hay y... pudo haber sido menos y peor, nada...
Gus

jueves, 26 de marzo de 2009

Autobiografía no autorizada (Capítulo I)

Aunque en mi deeneí diga “Clase 1957” y, supuestamente, el día de festejar mi cumpleaños es el 6 de noviembre, nací a fines de 1972 (y tengo doscientos años…). Nada que haya pasado antes de ese año vale la pena de ser recordado, y mucho menos contado.
Por otro lado, me resulta difícil hablar de mí en singular… desde que descubrí que yo no soy yo: somos nosotros yo. Calma, no es una confesión de esquizofrenia, ni estoy jugando a la heteronimia de Pessoa: soy por lo menos dos, y me parece lo más normal del mundo. Dicho esto, creo que resultará más claro eso de autobiografía no autorizada, aunque inevitablemente el eco del absurdo persista.
Me propongo recordar y contar (recordar para contar). No me interesa mi vida antes del ’72, signado por cambios prodigiosos que me borraron de la cancha de fútbol y me colgaron una guitarra.
Tal vez todo haya empezado unos años antes, cuando siendo un pendejo de séptimo grado descubrí a los Beatles, los Stones, Creedence, Clapton, Zeppelin, Jethro Tull, Almendra y… se me voló la cabeza para siempre. Siempre hay alguien que te muestra, que te guía, que te provee, pero yo… me las tuve que ingeniar casi solo para descubrir y conocer ese mundo que me fascinó de movida. Así fue que me colgué del tren de la travelling band y… no me bajé nunca más.
Fue con Héctor a mi lado que empezó todo. Nos conocimos en el ’71, en el secundario, pero en primer año no nos dimos mucha bola (ni fue la música el primer tema de interés en común: fue la paja). Recién a fines de 1972 empezamos a mandar una juntos, se gestaba el monstruo de dos cabezas…
Héctor había empezado a estudiar guitarra ese mismo año, pero creo que no tenía definido un rumbo musical. Yo empecé a tocar después, casi en el ’73, pero con algunas cosas más en claro. El cabezón (Alberto) también estaba ahí, agarrando guitarras y bajos, sentándose a romper las pelotas en las baterías, y aportando lo suyo. Musicalmente no pasaba nada, éramos tan chiquitos… Pero desde el comienzo Héctor mostró ciertas condiciones naturales para la viola “rítmica” (como se decía en esos tiempos) y para cantar, y a mí en cambio me pintó el lead guitar. Juntos hicimos algunas cositas… intrascendentes pero lindas. Fue una época de mucha magia. Héctor y yo éramos inseparables.
En el ’74 conocimos a las mellizas, y a Mariel y a su hermana, Analía. La casa de Ana simboliza un capítulo muy fuerte de ese año y los que siguieron hasta el ’82. Pero me fui muy lejos. Vuelvo. El ’74 fue denso en este país. El escenario político estaba súper convulsionado: quilombo para que vuelva Perón, quilombo cuando vuelve Perón, quilombo porque Perón les da una patada en el culo a las juventudes revolucionarias, y el peor de todos los quilombos cuando Perón se muere y crece el poder del tipo ese al que no quiero ni nombrar, que crea la Triple A, una fuerza parapolicial al mejor estilo de los peores milicos que habrían de venir después, para secuestrar, torturar y eliminar a todo aquel que les molestara. Los colegios secundarios no estaban al margen de esa agitación, el Pueyrredón era un verdadero caos. A mí no me jodían demasiado, sabían que era molesto pero no peligroso, y no tenía actividades políticas. Héctor, en cambio, cometió el imperdonable error de relacionarse estrechamente con un par de militantes de no se qué partido de izquierda (Vega y Chamorro, qué habrá sido…), y pasó automáticamente a integrar la lista negra de la institución: le hicieron la vida imposible para que se fuera… En fin, así estaban las cosas, y Héctor no tuvo otra alternativa que cambiarse de colegio para no perder el año. Tras una rápida búsqueda, en septiembre (o por ahí) se cambió al Sagrado Corazón de Barracas. Con Héctor se fue Pablo, el cordobés, que (como yo) no era víctima de persecución política, pero decidió huir del cuartel en que se había convertido el Pueyrredón. Detrás de ellos se fue Juan Gallastegui... (hoy vecino de Ciudad de Nieva, also known as Captain Nemo here).
Y llegamos al ’75. Todos los exiliados del Pueyrredón ya estaban en quinto. El primer día de clases no me dejaron entrar al colegio (por el pelo y por no tener corbata), y entonces decidí, con unos cuantos más, ir a visitar a los asilados en el Sagrado Corazón. Fuimos, entramos de una, y se armó un quilombito más o menos, porque los conocidos corrieron a saludarnos y las autoridades nos sacaron cagando. Una locura, irrumpir con esa facha en un colegio en horario de clases. Dill recuerda bien ese día…
Creo que no pasó nada trascendente hasta las vacaciones de invierno, cuando conocí a Guillermo, Guido y Eduardo. Fue una fría tarde de Julio. Hubo un recital de vaya uno a saber quién en un colegio de… Remedios de Escalada tal vez, no se, ya pregunté y nadie se acuerda. Fui con Héctor y Pablo (tal vez también estuviera el cabezón), y ese fue el primer encuentro oficial de los que tiempo después habríamos de integrar el “grupo de los seis”. Esa misma noche fuimos a tomar algo al centro, al legendario bar de Lucas (el mozo), en Corrientes casi Callao, al lado de Zhival’s. Guido era muy silencioso, no hablaba un carajo, pero con Guillermo (que también fumaba Particulares 30) hubo onda al toque.
No podría precisar tiempos, pero creo que en apenas un par de semanas Héctor y yo empezamos a tocar con Guillermo (later Dill) y Guido. Primero fue en el colegio, el cura Arce habilitaba un aula, y estaba bueno, pero se pudrió todo cuando vio que llevábamos… ¡mujeres! a escucharnos ensayar, santa María madre de Dios ruega por nosotros pecadores, recuerdo difusamente aquella tarde de un sábado que nos dio la cana a… Miriam (¿o sería Gabriela?) y a mí (¿o sería Guido?) mandándonos escaleras abajo tras recorrer laberínticos pasadizos en busca de los sospechados recovecos del pecado de los que siempre se habló (¿qué habría, instrumentos de tortura, alguna reproducción de la maja desnuda toda enchastrada, esqueletos de sacerdotes con las falanges incrustadas ahí abajo, un larguísimo túnel que desembocaría en Santa Felicitas? no sé, abrimos una puerta, llegamos ver esa inquietante figura... ¿estatua o cura embalsamado?, nunca se supo, ahí apareció Arce y no nos dio tiempo de mirar bien). Bueno, el cura Arce casi se infarta, ¿adónde creen que van ustedes? y esto se terminó, uno les da la mano y se agarran el brazo… El cura puto ese… me hacía reír, cada vez que me veía mandaba lo mismo, “está comprobado científicamente que los muchachos que usan el cabello largo se están convirtiendo psicológicamente en mujeres”, y yo le decía pero… entonces Jesús... Sin embargo la que lo fulminó fue Miriam… la tarde que le respondió y usted no sabe padre que los hombres que usan pollera también? Bueno, como fuera, el cura nos sacó cagando de los claustros sagrados. Caigo en la cuenta de que ya estamos en el '76, y entonces nos echó dos veces el cura marrano... por llevar damas a los ensayos primero, y por intentar profanar los misterios sagrados después.
Sospecho que acabo de armar un terrible quilombo de tiempos superpuestos, mezclados, invertidos... pero no pienso revisar: meses antes o después, todo fue...
Continuará...?

Sospecho...

...algo desde hace un par de semanas, algo que sólo yo noto porque todavía es muy reciente, en gestación aun, una fotografía sin revelar.. Ese algo tiene que ver con mi manera de escribir: estoy en un punto desde el cual, dentro de muy poco, podré sentir que escribo mejor (¿mejor que qué..? ¿y es bueno eso?). 
¿Ya se imagina Don Julio quién es mi influencia? Sí, obviamente. Pero influencia.. no, no es la palabra.. ¿debiera decir.. musa? En realidad creo que se trata de la aparición de un.. espejo que me devuelve ciertas imágenes que.. podrían mejorar mi escritura. 
Sin embargo ya había notado algunos cambios antes de esa revelación. Cambios al revisar algo en bruto, para corregir: desde hace un tiempo vengo percibiendo que las correcciones a mí mismo jamás son aditivas sino todo lo contrario, siempre hay en mi prosa más exceso que defecto. Mejorar, embellecer, viene viniendo de la mano de simplificar, reducir, podar. A la mierda ese barroquismo pelotudo que parece subestimar al lector: lo obvio no se explica, el arte (grande o chiquito, no viene al caso) no es negociable, el estudiante de ingeniería se fue hace rato, no es asunto mío si el que lee tiene un tábano en el cerebro y me niego a hacerme cargo de tales desgracias ajenas; escribiría prospectos de medicamentos si algún lab me pagara, pero no es ese el caso..

Sí, normalmente corrijo lo que escribo. Corrijo para mejorar la forma, que es naturalmente desatendida en el momento de llevar una idea de la cabeza al papel.. y está bien que así sea. Todo lo demás no importa demasiado en ese punto, porque tiene solución después. Lo único que no la tiene es el olvido, la pérdida de lo sustancial. En ese primer escalón del proceso de la escritura, sería estúpido no concentrarse en lo único que importa: el contenido. A veces, solo a veces, algo sale redondito y limpio, indestructible de una, pero si eso no pasa.. calma: ahí empieza el juego divertido si se dispone de más recursos. En esa búsqueda estoy..
Y EL descubrimiento es.. que lo que sobra resta, aniquila cualquier approach poético.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Cartel

En realidad, como comprenderán, estas son mis últimas apariciones por acá... Lo que está, lo mio que ocupa espacio en este espacio, no tiene ningún valor, no sirve si sólo sirvió para mostrarme un cielo que no puedo tocar... Hagan lo que quieran, déjenlo ahí, borren todo, prendan fuego, pinten de otro color, lo que quieran. Por mí... este boliche se remata, y me importa nada si ponen una iglesia o un burdel. Yo me voy.

martes, 17 de marzo de 2009

Una respuesta

Para Dill (2004)
 
Me siento muy identificado con todo lo que decís de vos cuando hablás de tu “natural egoísmo, insolidaridad, antipatía, insociabilidad, haraganería, letargo, etc.”: todos los trapos sucios de tu podrido muestrario me calzan como a medida.
Yo también encuentro buenas intenciones en el fondo de mi ser, pero en el pragma de la cotidianeidad rara vez llego al fondo de algo. Y me atormentan mucho las justificadas culpas que siento a veces, porque mi condición de insensible hedonista es más fuerte que esas buenas intenciones que casi nunca se transforman en hechos: me guste o no (en realidad me tiene sin cuidado), soy un egocéntrico que convoca sus pocas fuerzas al servicio de la inactividad, y que sólo piensa en su comodidad y su satisfacción. 

Lo que me diferencia de vos (para peor) es que ni siquiera me interesa lo que me interesa, ni me gusta hacer lo que me gusta: como te dije algunos mails atrás, “no tengo ganas ni de lo que tengo ganas”, el esfuerzo me enferma, y mi voluntad ni siquiera funciona aun cuando intuyo que algún movimiento me pudiera provocar placer. Pero supongo que esto último podría ser pasajero, una natural consecuencia de mi depresión crónica en esta estación sin cartel. El resto no: somos mi karma y yo, qué va'cer...

Creo que si leyera a Kafka en este momento de mi vida, pensaría seriamente en mudarme a un sexto piso...



Documental

14/01/04
Me siento mal, compadre. Tengo un bajón de la puta madre, y esa sensación de desasosiego que tan bien conozco, instalada en el diafragma como una opresión insoportable. Algunas mutaciones ocurren progresivamente de una manera tan imperceptible que resulta difícil definir momentos, porque no parece haber límites entre uno y el siguiente. Sé que hace tiempo que estoy así, pero esto es peor ahora que un par de semanas atrás, y no puedo determinar ni explicar qué cambió, ni cuándo. Me angustian demasiado la incertidumbre y la malaria en la frecuencia de las realidades materiales. Trato de sobreponerme (¡que palabrita!), y a veces lo logro; pero cada mañana, cuando abro los ojos y demás sentidos, me cae en la nuca (y en el pecho) un peso que me puede: es la revelación cotidiana de un bajón que, en esos momentos, me encuentra con las defensas bajas y me supera. Recién cuando se me termina de cargar el sistema operativo puedo intentar algo, abrir algún programa que me rescate por un rato, o escribir alguna historia poco creíble que sistemática y convenientemente habré de creer hasta que deje de hacerlo y vuelva el bajón en un pico de intensidad máxima. No quiero que te pongas mal, compadre: te cuento esto porque es lo que me está pasando, y no tengo a quién contárselo acá (tengo, pero no quiero). Sé que si en este momento voy a un médico me va a recetar pastillas, y tendré que enfrentarme a una situación compleja, porque en realidad no quisiera volver a tomar porquerías: aunque siento que las necesito más que en ningún otro momento desde que las dejé, no me las procuré por propia iniciativa y entonces no veo una razón por la cual debiera hacerle caso a alguien que nada sabe de mi alma. Pero por otro lado estoy en un estado que apenas puedo soportar, y sospecho malas intenciones de mi mente, como si algo en mí estuviera esperando el permiso de la ciencia para volver a tomar tranquilizantes sin culpa… No sé, Gabbani, no sé nada, pero espero que las cosas cambien, que mejoren aunque sea un poquito, para salir de esta profundidad que no busqué ni creo merecer, porque hace mucho que dejé de hacer boludeces, y estoy haciendo lo mejor que me es posible, por mi mujer, por mis hijos y por mí.
Ahora… mirá Gabbani, si te voy a salpicar una vez más con las lágrimas secas de este oscuro llanto mío, creo que por lo menos te debo un poco de claridad. Entonces voy a tratar de ser claro, para que se entienda bien el punto central de mi estado. Todo lo que me pasa, todo esto que siento, admite una doble lectura, porque tiene dos caras (la vida es una moneda…). Creo que es bastante normal, razonable, o al menos esperable, que me sienta mal, angustiado y confundido, ante una situación de mierda que es bien real: cualquier persona sana se siente mal ante un soplo de infortunio, y la incertidumbre desestabiliza y atormenta porque genera miedos. Hasta ahí todo cierra correctamente un circuito lógico de causa y efecto. Pero como tengo en la cabeza un par de resistencias quemadas (entre otros defectos de hardware), es inevitable que haya fugas, recalentamientos y cortocircuitos. Entonces pierdo el control de lo que debería controlar, y quedo contra las cuerdas. Dije que quiero ser claro, y entonces la voy a hacer corta: lo peor de todo es siempre lo que yo mismo genero a partir de cualquier problema real que no puedo
resolver instantáneamente. Es como me decía Politti, “vos sos tu peor enemigo” (no tiene importancia quién es Politti). Si algo te supera por su propio peso… imagináte lo que pasa al agregarle un plus siniestro de yapa. Me enrosco como el más pelotudo, y hago una pirámide de un puñado de arena…

lunes, 16 de marzo de 2009

No matter who...

En los últimos tiempos (hablamos del ’98) venía a casa día por medio. La excusa era la guita. Supongo que esperaba que le dijera “tomá, para el colectivo de mañana”, o tal vez no: es posible que en su delirio apareciera de a ratos cierta… delicadeza como para no someterme a esas sesiones de tortura sin tregua. Pero antes de seguir, aclaro: yo me copaba en estar con él, como siempre.
El tipo entraba, beso, y yo por la cara ya sabía qué me esperaba. Aunque ya en esa época no había demasiadas variantes… El ritual empezaba siempre igual, se sentaba, encendía un cigarro (me too), y se reía pero no hablaba, sólo me miraba como diciendo “te escucho…”. Pero en realidad no me escuchaba un carajo, se limitaba a simular que escuchaba las novedades que le pudiera contar como quién se tapa la nariz para pasar el trago amargo, seguía mirándome, asentía de a ratos, pero yo sabía que estaba hablando al pedo, porque o no estaba ahí o le importaba tres carajos lo que le contara. A veces, de puro hijo de puta nomás, se la hacía larga, que después te tengo que aguantar yo a vos, y sabés que se hace eterno. Porque además era siempre lo mismo, tres cosas, sólo tres cosas, siempre las mismas tres putas cosas: “yo ya se que nunca…”, “yo ya se que nunca…” y “yo ya se que nunca…” En cuanto yo terminaba, sin apuro como para asegurarse de que cuando él comenzara no lo cortaría con “boludeces triviales”, ponía primera. A veces no empezaba de una con lo sabido, a veces traía la novedad del día, “boluuudoo, una minita… en el colectivo, yo ya no entiendo más nada, a mi me están jodiendo, una puerca de aquellas… con un forro terrible, encima gordo, y me marcaba la guacha, yo ya se que nunca…” (y yo pensaba “no te hagás el boludo, las mujeres te miraron siempre, hasta a mí me miraban de reebote sólo por estar al lado tuyo”). Cuando estaba de buen humor (yo), corría para donde él quería, y podíamos seguir en armonía por dos pavas de mate y un paquete de fasos, “al fin y al cabo es mi amigo de toda la vida, el más viejo, el primero que sigue vivo, y está así…”. Pero uno no es una planta, a veces me encontraba cruzado, y se pudría todo. Cruzado soy antipático, sarcástico… A veces le respondía “pero mirá vos… entonces el gordo no será tan forro, si se ganó esa minita debe ser más vivo que vos… puede ser eso o puede ser guita, pero si iban en colectivo…” No siempre acusaba recibo de una, él sabía que cuanto más tardáramos en tarasconearnos, más tiempo tendría para seguir con su monólogo, al fin y al cabo qué carajo le importaba mi opinión… Mientras no le dijera lo que no quería escuchar, parecía como que le daba lo mismo si yo le prestaba atención o si simplemente lo escuchaba pensando en cualquier otra cosa. Por eso me lo bancaba, vea. Entendiendo que necesitaba mi compañía… lo demás importaba poco.

Cómo crear entradas en un blog

Bueno, el blog ya está creado, no importa si es tuyo o si te invitaron: existe. Desde ahí vamos (si lo que querés es saber cómo crear un blog, seguí los pasos necesarios tal como indica Blogger).
Si eres invitado/a, el nombre de usuario y el pass son los mismos de la cuenta de Gmail a la que te llegó la invitación, que una vez aceptada, te habilitará a entrar a la cocina del blog.
Para empezar a cocinar (crear una entrada, publicar algo), abrí el blog (am I too obvious?, no importa, siempre hay algún tarado por ahí, y también tiene derecho a saber). Ahora hacé clic en Acceder (arriba, a la derecha). Accedé (si te explico como me vas a putear). Hacé clic en Nueva entrada para crear una, o en Editar entradas para… (a quien tenga derechos full… no creo que haga falta aclararle que está prohibido profanar lo ajeno). Supongamos que elegiste crear una entrada… No hay mucho que explicar, al ver verás… Lo que se abrió ante tus ojos es tan parecido a lo que usás para escribir un mail… que no voy a perder más tiempo con esto.
Gus

guidino modelo 2004

solamente pasa, el tiempo esta hecho para eso y para ninguna otra cosa.las calles porteñas con sus eternos personajes de mirada desvalida, mezclandose con los otros, lobos feroces que te pueden devorar a la vuelta de alguna esquina.compre un cd trucho de marsalis y me vine al centro…el dia esta esplendido...fresco, eso si, pero sin lluvia.el centro con las caras de siempre, ojitos traviesos que te radiografian para ver como cagarte, pendejas tentandote para un sauna, canas, vendedores ambulantes y esos pocos billetes en el bolsillo para comprarte un libo de oferta en algún revoltijo de la avenida de mayo, o venir aca y es como llamarte por telefono.lastima que el tuyo no suena, no tiene numero.siguen desfilando conocidas caras extrañas, intrascendentes tragedias cotidianas,los mismos dolores de hombres y mujeres multiplicados infinitamente por los mismos espejos de hielo incandescente,y esa suerte de descosido que nos guia como a autómatas tras la sombra de algun roto.con la brujula desquiciada de las sospechas en torbellino no me siento seguro aca.tomare el subte para llegar a casa y un te con Valeria si es que no esta en el chat, invento del carajo ese, se conoce el alma de alguien antes que la cara.despues habra que volver al local, donde el tiempo y la costumbre me enseñaron a sentirme seguro.podemos caminar por calles abismales una y otra vez, juntando canas y libros y mas años, pero siempre la ignorancia de un destino anunciado nos enfrentara con el espanto de hace veinte años repetido como entre espejos y espejismos.pero no esta todo mal si es que asi debe ser, y si alguna esquina de la vida nos devuelve de vez en cuando esos colores nuevos que solo se dibujan en la sonrisa de carla o en los brazos de esas mujeres con o sin amor.no importa ya, queda poco tiempo y no podemos perderlo mirando las curvas del pasado:solo existe el presente que casi es futuro antes de tiempo,un futuro cada vez mas corto y por eso mismo cada vez mas imperioso de ser vivido.tuyo, gu...sano de mierda que te acaba de hacer una joda para TTZ (¿acaso pensaste que eras vos? Guidino... soy yo, clonando tu vieja Bic).

domingo, 15 de marzo de 2009

Clones

Me tienen harto. Esta mañana un pescado, riéndose, me empezó a decir "¿sabés a quién te parecés...?" y lo corté de una, "pará, no me digás... ¿a la concha de tu madre?" Estuve mal, pero bueno loco, yo no jodo a nadie... no me jodan. No me interesa hablar con desconocidos, y menos para escuchar idioteces.
A veces tengo ganas de eliminar todos los pelos de mi cara, estoy un poco podrido de Zappa en el espejo… y más podrido de los tarados que sin conocerme me dicen “Charly”. Si se van a copar en encontrarme parecidos, como si estuviera en este mundo sólo para que la turba se entretenga buscándome clones… (allá por el ’78 no podía salir a la calle sin ser ovacionado por los goles a Holanda) …prefiero a Brian May. Pero si me afeito… sé lo que se viene. Mi mujer, hasta que se acostumbra al nuevo look, se ríe cada vez que me mira, dice que soy muy feo (tiene razón) y se ríe… (como para pensarlo: no tengo muchos otros recursos para hacerla reír después de 24 años, y parece que a las mujeres les gustan los hombres que las hacen reír, qué bichos más raros… si lo pienso bien creo que por naturaleza estoy más cerca de hacerlas llorar). Sepan todos que yo puedo tener cara de figurita difícil, como decía Baby Lartigue, pero es mía carajo, no la presto más para el juego de los parecidos, y al próximo idiota que me grite ¡eh Charly! lo emboco, estoy tan cerca de que no me importe nada…
Ya sé, no me digan nada, ya me lo dijo la flaca en la mesa, hoy estoy con los cables en corto, mañana será otro día...

sábado, 14 de marzo de 2009

Una frase

"La estupidez tiene un cierto encanto del que la ignorancia carece"
Frank Zappa

viernes, 13 de marzo de 2009

¿Treinta y cuatro años no es nada?

Treinta y cuatro años carajo, una eternidad, usted no era Don Julio ni mi compadre, ni siquiera Dill, era un tal Guillermo y yo aparecí con mi ridículo prendedor de Hendrix en el blazer y el gordo Collarini y vaya a saber quiénes más por detrás una mañana de marzo que no me dejaron entrar al Pueyrredón hasta que se corte el pelo y venga con corbata milicos de mierda, entramos a su colegio como un comando subversivo para ver a Hector y las autoridades nos sacaron cagando, que qué se creen estos locos peludos, entrar así en horas de clases, señores retirensé o llamamos a la police debe haber dicho Susana con Calderón desorbitado detrás, y yo a usted y a su amigo Guidoemilioferrari que tampoco era Guy aún no los conocía, pero igual se acuerdan porque el flaco alto con cara de patologías varias poco después sería el guitarrista de la banda, con Héctor también ahí, cantando a veces memorables armonías junto a the other beautyful voice Guidino on bass & usté con los palos que años después no se habría de meter en el culo sólo por cuestiones de incompatibilidad sexual, pero le diré que de cualquier manera eran objetos mucho más apetecibles para eso que una guitarra o un bajo, que quiere que le diga, si yo hubiese sido batero qué mal te veo Federico, tan mal como cuando a Guy y a mí se nos dio por hacer porquerías con la misma mujer dios santo de los cielos demonio de los infiernos que angosta era aquella cornisa diga usté que éramos como hermanos y el tiempo cura de espantos a todos menos a Héctor que se volvió una planta y no precisamente de cannabis ni alegría del hogar que no es ni siquiera hogar porque no basta una madre y a veces hasta sobra perdóneme Olga que ya se que usted no es una criminal pero el crimen está cometido y no veo a nadie más por ahí que usted y la víctima y yo también fui víctima por lo que de esto entiendo bastante más de lo que entendía cuando aquel parque mágico y misterioso nos cobijaba en sus tardes del génesis de todo con Gabrieladelcanguritoazul y Miriam sumadas a la fiesta sin globos que a todos confundió bastante porque años después no se sabía qué había pasado y qué no, pero que aquello fue milagroso nadie lo duda y después como la vida sigue siguió nomás sin rumbo pero con cauce pedregoso hasta el momento de descubrir que ya nada nuevo habría para descubrir y recordar aquellas lágrimas compartidas escuchando a Genesis en su cuarto de Gavignaaloeste como dos tarados, porque sepa que aunque usted no se acuerde yo sí, yo me acuerdo de todo porque soy un enfermo y me importa muy poco, como me importa muy poco saber que en algunos persisten ecos y en otros no, la vida es así y yo ni siquiera se así cómo o así qué, exiliado en el lejano norte desde que me harté de tener madre y padre y comida segura a la hora de comer ni un minuto antes ni un minuto después porque si no el aderezo era unas caras de culo que cortaban la digestión, y ahora acá arriba vuelvo a no saber qué oscuros designios operaron en esto para que esté como estoy podrido de tanta malaria que parece interminable escuchando a mi compadre y a mi hermano Guidino llorar desde el otro extremo de la distancia por dolores tan parecidos que me hacen sospechar que no arreglé nada escapando de aquellos lugares en los que hoy podría encontrar algunos remedios absurdos del laboratorio de la nostalgia que no curan nada pero distraen y a mí me sirve como me sirvió siempre… carajo.

¿Un qué?

No me jodás, payaso. Si querés ponélo, pero se llama nada...

Maldigo este bendito viento
mágico
si no trae más que delicias
que no se pueden tocar
Malditos amaneceres
que un cerco asfixia
relojes de sal
mareas invisibles
un espinal sin rosas
maldito este ángel perverso
en que me convertí
Maldito desde siempre
hasta las cenizas
Maldito el tiempo lánguido
y malditas las noches
demoradas
esperadas
sangrando en siestas convulsivas
sangrando y mintiendo
Como sea
bendito este viento…
maldito

Trance

Ya sé que dije... ¿y? En general me importa tres carajos lo que yo diga, lo que haya dicho y mi silencio también, no soy esclavo de lo uno ni de lo otro, soy dueño de mis incoherencias y me hago cargo. En este momento me rondan pensamientos... raros (¿esperabas otra palabra, como "insensatos" o "inverosímiles"? no, son apenas raros). No sé qué viento me arrasó hacia... (no sé ni me importa) ...el sur. ¡El sur! La estoy haciendo muy larga, me saco de tan vueltero, el loco en la calesita. Quisiera estar en el oeste del sur, bebido y bebiendo, Jack Daniel's please, pero no se asuste Don Julio, en péu sí pero no tanto como aquel desdichado 20 de junio día de la bandera me cago en la bandera y sepa usté disculpar que se me haya ido la mano de tal manera porque no sé si se acuerda de que quedé descerebrado en el living de su casa haciendo bardo en su cumpleaños perdón otra vez pero usted sabe que me estaba patinando el embrague y por eso después se reía en un bar de Once, se cagaba de risa y yo creí que era la absolución pero no, no mierda, después me volvió a decir que soy una bestia y también tuvo razón, pero ahora no importa porque ya fue, y yo lo que quisiera hoy ya mismo es teletransportame hacia su casa y festejar su cumpleaños por decreto, que Dill cumple años el 11 de marzo y a la mierda, al que no le guste que no coma torta y se vaya al carajo, pero tenga en cuenta que un poco ido voy a estar porque usted sabe que me gustaba escabiar de más como aquella otra noche en que usted también cumplía años y es por eso que estamos tan viejos compadre mío del alma y la concha de su hermana pero dicho esto con el mayor de los respetos porque usted sabe cuanto lo quiero y sabe que a Guido le diría lo mismo porque también lo quiero y el sí tiene una hermana tan descalza que alguna vez me fue parvas aunque no me acuerdo que estaría cantando en la foto porque estaba borracho y no por falta de memoria si yo me acuerdo hasta del puto día en que nací y por muchos años creí haber nacido para garcharme a esa desalmada que gritaba como la más puta de todas las putas cuando le ponía las manos encima (no, tu hermana no pelotudo, la guitarra), y después un mal día sin explicaciones ni despedidas ni un carajo la ingrata cerró las gambas y me dejó mudo del alma por un tiempo pero sólo hasta que mi implacable soberbia me hizo decretar que no fuiste vos palo de mierda la que me dejó, fui yo el que te sacó del medio porque a mí la única que me dejó se arrepintió tantas veces que llegué a creer que sólo volvía para poder abandonarme una vez más hasta que una vez más volvió y encontró el game over, tarde como siempre pero el daño estaba hecho ¿no Guidino?, si ni siquiera con usted estaba ya, y tarde se me ocurre tener estas ganas de estar mamado en Castelar con ustedes y mi desalmada que era linda la muy perra pero me conformaría con la Strato negra de Mariano que tiene colgada Hector en la foto para tocar rock'n'roll y blues bien podrido como aquella misma noche en que me dieron unas ginebras de Pachi porque parece que me había vuelto confiable otra vez y tocaría hasta salir disparado hacia no se ni me importa donde pero disparado en un bending de esos que estremecían a Ana cuando hacíamos algún blues con el gordo Antonio qué diparate ¿me imagina a mí compadre tocando blues? hoy parece imposible y vos calláte, ni se te ocurra decirme nada que tengo la boca seca de tanto desear tu néctar y tener que conformarme con agua que no es tu savia... que me sosiega un poco pero a vos no te va a hacer ver estrellas y creo que esto debe terminar porque podría seguir por los siglos de los siglos dando vueltas en círculo para empezar un millón de veces lo mismo ¿y?

sábado, 7 de marzo de 2009

For no one

Asumásmoslo: a algunos la web nos vende mejor de lo que somos. No hay ninguna intención, ni estrategias, ni nada de eso... simplemente pasa. Por lo que a mi respecta, Nebuland no es más que una feria de cuarta camuflada no se por qué o por quién: no compres, es todo trucho... Algo extraño pasa en este ámbito de más vuelos que realidad, algo que alienta el tráfico de espejitos que distorsionan y baratijas de colores brillantes. No hago ni digo nada con intenciones premeditadas, sólo estoy acá... en este refugio que creé para... mostrar hasta lo peor de mí, y sin embargo llegan devoluciones que no creo merecer. Gracias, pero no vale la pena. Yo no valgo la pena...

Esto es... un pensamiento a partir de una mirada... general: si digo for no one es for no one. Nada personal, sólo la verdad. No debería estar acá, pero me pareció importante...

Gus

jueves, 5 de marzo de 2009

MI AMIGO INVISIBLE

Yo creía que de chico no había tenído un amigo invisible. Y ahora de grande me vengo a dar cuenta de que lo tuve desde mi adolescencia, más exáctamente desde los quince años. Ese amigo se llama Luis. Se llama Luis Alberto Spinetta y desde entonces me acompaña como sólo los amigos saben acompañar. Porque Luis estuvo desde aquel entonces siempre muy cerca de mí. Y hasta en los sueños conversamos y nos suceden cosas extrañas. Porque siempre sueño con Luis (y de esto pueden dar cuenta mis otros amigos, los visibles porque les cuento de él y me creen).
Cada tres o cuatro semanas ahí está él, apareciendo en mi noche con su luz, habitando mi soñar. Y charlamos como charlan los amigos y, aunque ustedes no me crean, me toca temas que no están en ninguno de sus discos (es una lástima que me abisme tanto por esas melodías y letras increíbles y no pueda escribirlas cuando me despierto porque algunas me las olvido mientras las recuerdo asombrado y sin querer darle final a la memoria, y otras se van borrando lentamente hasta que me doy cuenta que es tarde y debía haber buscado una lapicera). Y hasta llegó a adelantarme cómo sería la tapa de su próximo disco (pero algo debió haber pasado en el camino porque cuando salió el disco la tapa ya no era la misma). Ayer a la noche, por ejemplo, estuvimos discutiendo --como discuten los amigos-- acerca de la tapa de su última obra, Un Mañana, y yo le decía que no me gustaba demasiado y él la defendía con ardor.
Luis me recomendó libros como recomiendan todos los amigos. Por ejemplo me pidió que leyera a Antonin Artaud, Las Enseñanzas de Don Juan de Castañeda, El secreto de la Flor de Oro de Jung, en dónde se habla del ánima, del animus, y de los mandalas y duraznos que sangran. Me hizo leer uno de los libros más impactantes que leí en mi vida que es Vigilar y Castigar del gran filósofo francés Michael Foucault. Me recomendó discos y hasta alguna que otra película.
Y también nos visitamos de día. En realidad de día soy yo el que lo busco (quizás respondiendo a su llamada invisible) y lo escucho cantar y decirme cosas desde sus discos. Cosas que me hacen reflexionar acerca de la vida, de cosmogonías casi religiosas que me conmueven con sus espacios y visiones del amor.
Nadie nos ve nunca juntos y por eso creo que debo llamarlo mi amigo invisible. Pero me acompaña como uno más y, como mis otros amigos, me agranda el alma.
Dill

El dueño de la editorial.. ¿puede reescribir algo ajeno? Ma sí..
http://macondo6.blogspot.com.ar/2009/03/mi-amigo-invisible_8072.html

Gus

miércoles, 4 de marzo de 2009

A FLOTE




no es fácil
salvarse del naufragio
del mundo
ni mantenerse a flote
sin ser superficial
cuando todo parece
un mar gastado
y las islas escapan
como si quisieran vagar

hay días en los que uno
se tira por la borda para poder
rescatarse
ahogado y sin aliento para darse
respiración boca a boca
como si uno
fuera otro
y pudiera así volver a nadar


alcanzar las islas
ser pez en tierra
la vida es sueño

Dill

lunes, 2 de marzo de 2009

...y buenas noches a todos...
Mañana (sea cuando sea "mañana") estaré acá de vuelta...

......................................................................

Esta sensación de ahogo, este dolor que se me anudó en alguna parte como una opresión implacable y apenas puedo respirar... ¡¡¡Mierda!!! Desde hace casi 25 años no estaba así, ya ni siquiera recordaba que se puede sentir desgarros en el alma de esta manera. Don Julio... cuando salga del laburo hágame el favor de tomarse un... algo que lo traiga en minutos a Ciudad de Nieva, porque lo necesito como entonces, como en el infierno del '85... Usted sabe Don Julio, usted es el único que me rescata un poco cuando caigo tan profundo que no puedo (ni quiero) escuchar otras voces, ¡venga carajo!

Jan Garbarek, Charlie Haden, Egberto Gismonti - Folk Songs

ECM 1981

Download

1. Folk Song
2. Bodas de prata
3. Cego aderaldo
4. Veien
5. Equilibrista
6. For Turiya

Charlie Haden: Bass
Jan Garbarek: Tenor and soprano saxophones
Egberto Gismonti: 8-String guitar, Super 8 guitar, piano


Gus



domingo, 1 de marzo de 2009

Chalie Haden, Jan Garbarek, Egberto Gismonti - Magico

ECM 1980
Download

1. Bailarina
2. Magico
3. Silence
4. Spor
5. Palhaço


Charlie Haden: bass
Jan Garbarek: saxophones
Egberto Gismonti: guitars, piano

Gus

viernes, 27 de febrero de 2009

Los fantasmas de La Opera

Siempre había tenido la idea del "self murder" como un as escondido en la manga, o en un bolsillo del alma. Saberlo a mano tranquilizaba un poco, traía cierto sosiego, especialmente en los momentos más pesados. El suicidio como una puerta siempre abierta que uno cierra para no ver el otro lado antes de tiempo, pero que necesariamente se asegura de dejar sin llave, por si las putas. Sí, definitivamente era sedante saber que si uno es dueño de su coraje también lo es de su vida y.. de su muerte.. de su destino: "los que no pueden más se van, cuando no pueda más..." Por mucho tiempo ese pensamiento me acompañó como un Rivotril sin receta, hasta que supe que iba a nacer mi hija y.. algunas cosas se dieron vuelta en mi cabeza para siempre.
No sé qué es mejor. No sé qué es peor. No sé casi nada: cada vez más me muevo instintivamente, empujado por la inercia que me lleva hacia adelante.

Cerré aquella puerta del escape perfecto, tiré la llave en una alcantarilla, dejé de pensar lo que ya no me cabría, y empecé a soportar todo con una visión distinta del dolor. No me pidas que sea más claro o más profundo. Digamos que el amor hace milagros...

Te conté que el pasado nunca me hizo mal, que nunca me jodió. Es el presente lo que jode y hace mal. Es el futuro lo que asusta. Pero el pobre pasado... no tiene fuerza ni poder alguno sobre mí. Mambo mío: no digo que las cosas tengan que ser iguales para todos. Creo que la clave para no seguir sufriendo hoy las puñaladas de ayer está en la luna que fue, y no en el sol que vendrá. Sufrir hasta perder la noción, y dejar de sufrir cuando el dolor se acabe, que nada es eterno.

Como sea, amo mi historia. Con sus capítulos buenos y sus desastres más horrorosos. Por eso me gusta darme vuelta para mirar atrás, con esa nostalgia que no es buena ni mala, y revivir en la memoria aquello que es mío porque lo fue. Lo hago como desde afuera, pero me termino metiendo porque siento un dulzor templado en esas aguas que ya no mojan, y sin embargo humedecen el alma. Me gusta más que mirar hacia adelante. La hoja en blanco se llenará de cualquier manera, y pasará a ser una más de las que miraré atrás con más entusiasmo que cuando estaba adelante, vacía y temible.

Me parece que este Guido 2004, si pudiera entrar al túnel del tiempo para viajar hacia atrás, sería un terrorista del pasado, tiraría bombas, volaría lugares, cortaría cabezas, no dejaría nada en su lugar. Y al volver al futuro.. ¿habría cambiado algo? Creo que sólo explotan las granadas tiradas acá, hoy.. Pero hoy acá uno ya no tiene contra qué tirarlas, ni sirve intentar destruir lo que ya no existe...

Se puede dejar de hacer algo por la fuerza, pero.. ¿se puede dejar de recordar por decreto, se puede cambiar lo que se siente sólo proponiéndoselo?

Si encontrás la entrada al túnel del tiempo y decidís emprender alguna cruzada tipo cacería de fantasmas, avisáme para que no viaje al mismo tiempo, porque seguramente sería tu enemigo..

Hagamos algo: no hablemos más de encuentros de fantasmas en La Opera. Olvidáte. Olvidémosnos. Si algún día yo estoy allá y se me vuelve a ocurrir la misma idea, te diré “Guido, ¿te prendés?”. Y vos me decís “sí” o “no”, sin explicaciones ni pistolerías de terminator italiano ajustando cuentas a su pasado. Porque en tu rancho la idea hizo demasiado ruido para ser simplemente una estupidez o algo que no te atrae y te resbala. Si en ese momento te olvidás de las imágenes de la vieja película, y si queda en vos algún sentimiento rescatable hacia los otros personajes.. tal vez te cope mi espantosa propuesta. Y si no.. está todo bien: me basta con saber que a mí sí me querés en tu hoy.

Asumámoslo, Guy: nos une este presente virtual que vence distancias, y también (o porque) nos une un pasado real (ese que no nos pudo separar). Nos unen el amor y el espanto.

A veces no tengo qué contar. A veces tampoco me da la cabeza para inventar, improvisar o sacar conejos de una galera vacía. Cuando eso me pasa, el recurso más simple es responder. Pero a veces me resulta difícil responder tus mails. Me gustan, son volados, son copados hasta desde lo literario, y fundamentalmente revelan un estilo definido (the Guido style). Pero si yo entrara a vibrar en la misma frecuencia, lo nuestro terminaría pareciendo una cantata interpretada por el coro de niños mogólicos de Balvanera. Y además, no es ese mi estilo hoy.

Por si no se nota, te aclaro que esto es una explicación de por qué a veces se demoran mis correos.

 
Gus (2004, para Guido)

Merlin

Acá también está fuera de servivio: un rayo le quemó la varita...
Gus

Dar el alma

Y, sí. Porque lo que sigue de alguna misteriosa manera refleja éso que han dado en llamar alma y que no se sabe muy bien qué es pero que está. Éso que al volar de aquì hace de nosotros una porquería vacìa. Y yo me resisto a creer que seamos la nada que ya empieza a pudrirse en un cajón.
Entonces: pedacitos de mi alma. Esta vez con un tema que los une y que podrìamos llamar amor...o desamor.

UN POLVO

All you need
el polvo caído sobre una armónica
relación más la humedad
que desalienta los tonos
no hacen otra cosa
que reflejar la ley
de gravedad.


ESPIRAL

is
no deja nunca
espiral
de sorprender a las manos
nadie
se acaricia dos veces
en tu misma
piel.


ROCE

love
para rozar un olvido
que los ojos no cejan
él murmura una y otra
vez cuando ella entra
los labios y deja
caer ramas por dar.

el vacío que se ve
trama la noción
de las preguntas entre sí.

Dill

Es decir...

Concha'e tu madre blogspot, desde esta mañana estoy tratando de abrir una entrada con un texto copiado de un doc de Word, y no puedo: hay un párrafo que no aparece, no se pega. ¿Qué... me están jodiendo, no les gusta lo que digo?

¡Datos con precisión milimétrica, qué hijo de puta, trucho de mierda, un mentiroso de luxe, ¿cómo pude...?! Guidino, enseñáme a afanar y estoy completo, creo que esa es la única gracia que me falta (hablo de objetos voluminosos, como cámaras fotográficas antiguas, paquetes de galletitas y "chalinas" violeta de la iglesia de Luján, porque money... ya sé).

Los gallinazos que están al costado de la ruta del Ramal Salteño way up to Tartagal (no, no me estoy haciendo el Gabo, de verdad hay gallinazos ahí), son un asco, marrones, una inmundicia que vuela. Y encima te miran con cara de culo los hijos de puta. El otro día hice bosta uno. No a propósito, obviamente. Pero el freno ni lo toqué, sólo me puse la mano sobre la cara por si se rompía el parabrisas, ni loco hubiera clavado la Master a casi 160 km por hora sólo por un pájaro pelotudo que hizo mal el cálculo. Por suerte no impactó en el vidrio, sino en el pedacito de chapa donde empieza el techo encima del parabrisas.

Hola Sr. Alfred... ito, ¿cómo va? Mucha plata, no? D'you still remember me? Yo si me acuerdo de usted. Y me cago en su estúpida alma. Estúpida pero no por eso menos cochina. Usted me trataba bien, pero con esa onda repugnante del que se cree un ser superior ante un ser inferior, sólo porque tenía mucho dinero, y mientras yo le sirviera, su buena onda olía a soborno. No me regocijo por lo que pasó después, porque el más jodido fui yo. Pero toda esa plata que yo me comí, yo me fumé, yo me chupé, yo vestí a mis hijos... toda esa plata que era suya y se le perdió, la debe seguir llorando, como si le hiciera falta, pedazo de mierda... Sr. Alfredito, usted a mí me puede chupar la pija en puntas de pie...

Como antes, como en los tiempos de aquellos estúpidos cuadernos... pero no, esto es diferente. Y, en todo caso, más fácil de eliminar: basta un par de clics y no queda nada, ni cenizas.

Muy buena foto compadre. Como si quien apretó el botón supiera... Esa imagen, su imagen, tiene alma (su alma). Alguien que no lo conozca, lo conoce a través de esa foto. Y como no creo que en su laburo haya alguna sensibilidad artística disparando obturadores, sé que el resultado es mérito suyo (involuntario, pero mérito al fin). Lo veo a usted, y también veo a Don Julio (el nuestro, el del dark side), al otro Julio (el de Rayuela, aunque no por un parecido físico que no es: usted es... más... es menos feo), al Che, y a un misterio que no va a estallar porque los dioses ya decidieron desde el comienzo que asi sea, pero que hace mucho (mucho) ruido desde su silenciosa performance. Sí, a fucking beauty photo, como dijo alguna chica por ahí, en los comments...

En este apartado me siento una especie de... Rantés medicado.

jueves, 26 de febrero de 2009

Dar la cara...

Sí, ya se que Guido me va a dar una clase magistral sobre los efluvios satánicos de la nostalgia (me chupa un huevo, pero si me lo pide lo saco). Ya sé que Dill se va a hacer el duro y no le va a dar importancia a esto. Ya sé que soy una vieja solterona derramando lágrimas sobre el costurero mientras borda NEVERMORE en un camisón. Ya se todo lo que hay que saber, pero
Some men never listen,
And others never learn,
But why this man did as he did
Only he will ever know.
He knew he was walking
Into a waiting trap,
Neatly set up for him
With a bait so richly wrapped.
So he went inside there to take on what he found
But he never escaped them, for who can escape what he desires?

¿Alguien me puede decir cuándo? Podría ser 1978, después de los sucesos de agosto que me alejaron del cordobés y Héctor (o que los alejaron a ellos de mí, ya poco importa). Es una lástima que a Paula (then Paola) le haya temblado la mano en el preciso momento en que el obturador se abría para capturar en blanco y negro cuadradito los colores mágicos de aquella tarde en que tocamos el tema de Eduardo (agachado vayaunoasaberporqué, como una especie de non blonde brother of mine). En esos tiempos de inocencia y mala siembra, no era necesario aun que yo estuviera en el centro: podía ser Dill la amalgama de las tres G, como en la foto. Todavía recuerdo el tema de Edy, resuena maravilloso en mi cabeza con la magia de lo que no debía ser (y no fue), recuerdo el solo que le hice (podría tocarlo ahora exactamente igual), dió que hablar...
¿Qué le pasará a Guidino el terminator italiano destroyer of the past, al ver esta foto?

¿Comienzo de los '80? Tal vez. Héctor todavía estaba... bien, o por lo menos en este mundo. Miraba a la cámara desafiante, como sabiendo que no sería un conjuro de sal de plata lo que le robaría el alma... El otro es Guillermo (el ex de mi prima Marcela).
Si hay algo que no soporto es el mal gusto, Doña Olga, sepa usted perdonar el Photoshop...

¿Quién, quién es el hombre de piedra, Don Ber'dino?

Dill & Gus '80, Almendra en Obras... ¿Te acordás hermano? Me cago en el que sacó la foto, en la cámara y, sobre todo, en el lab que la procesó: me volví puto para eliminar los rojos de más, a costa de perder calidad.

La primera vez que tuve una SG en mis manos, desenchufada, para la foto nomás. Esta era color cherry, De Luxe. La segunda la toqué enchufada. Era de un tarado que se llamaba Román (¿?)

¿Final del juego? No, faltaba mucho todavía. Es sólo mi pose que... me recuerda a la protagonista del cuento.

Otra vez el gordito maraco, pero fue para tí mon cher, Guidino. Y después de esta bonita página... te voy a dar un beso mi amor.

¿Quién sería "el cabezón"? Todos amanecidos after... ¿Stress?, yo borracho seguramente, y Guidino, que no se ve... en pijama (celeste). ¿Qué canta la niña? parvas tu hermana tan descalza... "Vos sos un hijo de puta", me dijo el gordo unos días después con cara de sed de sangre, porque se había enamorado, snif... lo lamento cochino, no fue mi culpa, siga participando...

No way, serás rojiza a mi pesar, no pude, me venció. Por lo demás, la dama ha sido cortada, removida, para que no me putéen, ¿OK? Lo siento, discúlpame, yo no hice nada...

No existía el Photoshop, pero con la ayuda de Guidino y un dedo... ¡La nariz, si eso fuera todo! Lo peor es invisible a los ojos...

FIN DE LA PREHISTORIA...

...sin imágenes testimoniales de los tiempos de La Intrusa. No hay, no tengo. Sólo una en que estoy sólo con tu perro, parado en un pasaje de la Boca que cambió de nombre (el perro no se ve, lo eliminé). El que me escrachó fue tu hermano jeropa...

Supongo que siempre fui un gran simulador, un farsante... porque no podía tener esa mirada de paz con esas criaturas rondándome...




Enero '86




Una de carnet. 1992...

Si yo contara lo que me pasaba... Una infección. Terrible. Sí, ahí mismo...

Yo dementemente ebrio. Mucha gente, esta siempre fue la casa más popular de la city... Supongo que se había terminado el vodka, supongo que llovía y yo me quería ir a comprar más... así disfrazado, supongo que la mujer me trataba de convencer de que no más. Alguno nos escrachó sin permiso. Tuve que editar la foto porque la flaca siempre la odió ("parezco más en pedo que vos", y no había tomado nada). Otras épocas, ya no tomo así...

1995. Cara de post guerra... Nunca supe por qué me pegaron, estaba tan borracho... Fue peor de lo que se ve, el pelo tapa los cinco puntos sobre la ceja izquierda. Lo que más me dolió fue que Hector haya cobrado también (le dejaron un ojo a la miseria) sin saber de qué se trataba: siguió caminado, hablando solo (enpedísimo too), hasta que notó que yo ya no estaba a su lado, y cuando se dió vuelta lo embocaron. Eran cuatro y no les gustó mi cara, evidentemente. Terminamos en el Ramos Mejía, donde me repararon un poco el rostro, y a Hector le dijeron "no pibe, vos a Santa Lucía".

Con Pupy. Mucho descontrol en aquellos días de hard rock in Jujuy. Demasiado alcohol...


DNI y carnet de tachero, 1997








Far west Rock and Roll
Hector mod. '98, at Dill's

Papá gordo y su nena de fifteen en lo del tano Peralta...

¿Les quedó claro?

martes, 24 de febrero de 2009

Amenaza a Nebuland

No estoy tan loco (o no tengo ese tipo de locura, a los dioses gracias) como para caer en excesos purificadores tales como meterme un lanzallamas en el culo tratando de incendiarme el alma (que según algunas religiones estaría adentro). Tampoco creo en la redención a través de la virtud. No pienso que necesariamente un cambio demande barajar y dar de nuevo. Podar una planta no garantiza que crezca más o mejor o más bella: sólo hace posible otra belleza, diferente (boludeces: como Bukowsky, no veo belleza en una planta... apagada). No tengo el vicio de las mutaciones radicales de la piel hacia afuera sólo para después convencerme como un idiota de que el espejo nunca miente. Creo que los verdaderos cambios pueden ser invisibles de movida. Sin embargo, porque estoy molesto con algo de este blog, que es un espacio descarnadamente mío (aunque lo comparta), hoy desperté con ideas caóticas, y ya estoy preparando el lanzallamas, un tacho de agua enjabonada y una tijera de podar. Que sea... lo que pueda o deba ser.
Gus

ENGENDROS

Quiero poner acá algunas partes de una especie de suite (Hamelin) que escribí el año pasado, y también un par de proyectos más nuevos. Todo inconcluso, como corresponde, porque el laburo de terminar algo, editarlo, ecualizarlo, etc., me rompe las pelotas.
Soy un desastre, no tengo ganas ni siquiera de lo que tengo ganas, y entonces no sirvo ni para lo que sirvo. No importa, a mí no me importa. Nada. Esto es un quilombo, igual que mi cabeza. Tómenlo o déjenlo, es lo que hay…

Antes de hacer clic en Play, sugiero apagar el otro reproductor (el que se abre con el blog) para evitar sorpresas polirítmicas y atonalidades no deseadas. Y si tenés auriculares a mano, mejor.


Esto puede ser una mierda (todo depende del oído que lo escuche) pero… no deja de sorprenderme, porque… yo no sé escribir música, loco, no sé escribir ni leer (apenas puedo deletrear), yo cuando tocaba la viola no usaba papel adelante, y entonces no importa si lo que escribo es bueno o es una porquería: no logro entender cómo está escrito. Si es una mierda, en todo caso es una mierda escrita y… ¿me pueden decir quién carajo la escribió? Yo no, porque ya aclaré que no sé. De verdad, no me estoy haciendo el pelotudo ni el poseído. No entiendo nada…
Gus

domingo, 15 de febrero de 2009

Proyecciones

Si me preguntan ¿qué querés ser cuando seas grande? (es decir cuando sea viejo), la tengo tan clara que no dudo en responder que quisiera ser un jubilado que perciba un muy buen haber, para no pasar sobresaltos económicos y ayudar a mis hijos (fui hijo, y se que a los hijos siempre les hace falta una ayudita). Me gustaría tener en el último capítulo toda la paz que me fue tan esquiva en los anteriores, y dedicarme al culto de mis pasiones (que no sé cuales serán en el futuro, pero hoy apostaría a la música, escribir, y esta puta máquina: no changes).
Si en cambio la pregunta fuera ¿qué te gustaría ser en la próxima vida?... supongo que lo pensaría un poco, para no caer una vez más en las estupideces que dije últimamente (piloto de Fórmula 1, jugador de fútbol, ¡¡¡mecánico!!!), y terminaría respondiendo: “dame unos minutos para elegir el instrumento”. ¿Guitar hero, rock’n’roll star?, ¿pianista de jazz como me imagino en el reino de la fantasía cuando escucho a Bill Evans?, ¿guitarrista/compositor con un talento de la hostia, tipo el Flaco?, ¿bajista de jazz-fusion poseído por el espíritu del maravilloso Jaco? No se, eso se vería, pero despojado de los tics de resentido que me llevaron a imaginarme en cualquiera, creo que los dioses me están debiendo una vida de músico…
Gus
 

martes, 27 de enero de 2009

Cuentos de terror

Voy a obviar los detalles épicos: algunos no podría recordarlos aunque quisiera, y otros prefiero olvidarlos. Sólo me propongo hacer una reseña macabra, narrando esas pequeñas historias en las que fui presa de miedo extremo cercano al terror.

Acá todo pasa
Atardecer de un día de semana de… 1976 (¿o ’77?). Héctor, Fino y yo caminábamos por la Av. Corrientes. De repente se detiene frente a nosotros un Torino marrón (como para romper la rutina de los Falcon verdes, vió?). Eran cuatro. Los dos que iban en el asiento trasero se bajaron, y nos invitaron a subir. Sin decir nada, el conductor arrancó y siguió derecho hacia el Bajo, echando putas. El otro, una alimaña repugnante, empezó a hablar, pero no nos informaba a dónde íbamos (ni por qué: en esos tiempos no existían derechos básicos, como el de no ser privado de la libertad sin razón alguna). El chabón era irónico y hacía gala de un humor bastante denso, pero no preguntaba mucho: estaba claro que el interrogatorio vendría después, indoor. Sin embargo no paró de hablar en todo el trayecto, y entonces nos fuimos enterando de los por qué de la detención. Lo que les disgustó en cuanto nos vieron fue el largo de mi cabello y la musculosa de Fino. Primero, dirigiéndose a mí, mandó una que lo resumía todo: “flaco… ¿por qué tenés el pelo así, sos boludo?, si no te lo cortás te vamos a llevar a cada rato.” Después lo miró a Fino con asco (la cana del Proceso tendía a pensar que era puto), le dijo algo sobre la remera (musculosa y de colores), y dirigiéndose a ambos (Fino & me), mandó un resumen de la doctrina castrense: “¿no saben que el General Videla dijo que a la Junta no le gustan esas cosas?” (SIC, lo recuerdo como si lo estuviera oyendo). Tras esa frasecita, lo miró a Héctor y le dijo “y vos sos un pelotudo por andar con estos dos, te la estás comiendo de arriba”. Al llegar a Eduardo Madero, el silencioso conductor dobló a la derecha, siguió unas cuadras a alta velocidad, y recién cuando llegamos a destino nos enteramos de que se trataba de la Brigada de Toxicomanía. Tras un ingreso bastante irregular si lo comparamos el procedimiento de rutina en comisarías de la Federal (ya que no nos revisaron ni nos despojaron de pertenencias, ni de cinturones y cordones de zapatillas), nos tuvieron guardados cerca de seis horas en una habitación mugrienta, separada por un delgado tabique de otra más grande en la que había unos veinte detenidos más, hombres y mujeres, todos jóvenes, la mayoría de aspecto rocker o hippón. De más está decir que la pasamos bastante mal. Escuchábamos que iban llegando más detenidos, y no entendíamos por qué los dejaban afuera: los únicos aislados éramos nosotros… El lugar era sórdido al mango, re pesado. No nos pegaron, pero entre insultos y burlas también recibimos amenazas, y no solo de palabra: en un momento entró uno con look para nada policíaco (pelo tirando a largo, aro en una oreja) y empezó a amagar patadas y otras figuras de arte marcial. Lo peor fue cuando nos sacaron del privado para llevarnos al piso de arriba para interrogarnos individualmente y por separado: guiándonos hacia el lado de la salida, el hijo de puta dijo “vamos mierda, ahora se van a ir…”, pero al llegar al pie de una escalera soltó una carcajada y agregó, gritando como energúmeno, “se van a ir en sangre, porque los vamos a reventar….” Arriba, uno que parecía ser el jefe, secundado por dos o tres monos, todos camuflados como para no parecer ratis en la vía pública, preguntó, amenazó, insultó, y ordenó “que los lleven abajo, ya veremos que hacemos”. Volvimos a ese cuarto siniestro, en el que solo había una heladera vieja desenchufada, un slip manchado tirado en el piso sucio, y un graffiti de mensaje ambiguo y poco alentador: “ACÁ TODO PASA”. Al cabo de unas horas se abrió la puerta, y el bastardo se sorprendió de vernos ahí, “che ¿y esto?”, gritó dirigiéndose a alguien que, evidentemente, debió haber decidido nuestra suerte un rato antes. “UUUh, me olvidé, traélos”, respondió una voz desde lejos. En la oficina de guardia, prodigándonos más insultos, nos hicieron firmar en un libro gordo, seguramente de registro, y nos despidieron con un “vamos, vamos, salgan rápido antes de que me arrepienta.”

Violencia en el parque
Otra. Tarde del ’76. Parque Pereyra, Barracas. Eramos varios y estábamos sentados sobre el pasto, cerca del “lago”. No recuerdo si estaban Gabriela y Miriam (creo que si). De repente vemos que un patrullero de la Federal se mete dentro del parque y enfila derecho hacia nosotros. “Documentos”, la huevada de siempre, y “vos vení” (“vos” era yo). Creo que nunca tuve tanto miedo. Me llevaron solo, a pasear en patrullero. Fue un largo interrogatorio ambulante: media hora dando vueltas (media hora que en tal situación se hace eterna), primero por Barracas, después por el puerto de La Boca. Las preguntas eran puntuales, el tema era drogas. Yo les decía que no sabía nada de nada, pero mi respuesta no les cabía, insistían y amenazaban constantemente, seguían apretando y se me cagaban de risa, “flaco… en la Facultad de Ingeniería hay falopa, y vos pretendés que te crea que no conocés a nadie ni sabés nada…” En un momento se detuvieron frente a una casa vieja en La Boca, como insinuando que me iban a llevar adentro, y uno (el más mal parido) me dijo “mirá pibe, no seas pelotudo, no te hagas golpear al pedo, decí todo lo que sepas y te vas”. Estaba re cagado, de repente lo trataba de usted, de repente lo tuteaba, “mirá, te estoy diciendo la verdad, no ando en nada ni conozco a nadie que ande en nada”. Al final parece que lo convencí: arrancaron, y a las pocas cuadras me liberaron, no sin antes prometer que “nos volveremos a ver”…

Celulares eran los de antes
Una noche del '76 (o '77) frente al obelisco tuve bastante miedo. La cosa duró poco, y resultó más leve de lo esperado por como pintaba, pero igual fue desagradable. Creo que estábamos los del grupo… “de los seis”. Paró un celular (mal indicio), y nos hicieron subir. No pasó nada, apenas un par de preguntas y fuera. Pero eran muy agresivos, violentos y amenazantes. Creo recordar algún sopapo, pero a un desconocido que estaba en el camión cuando subí.

Sunday night fever
Tenía 20 pelotudos años en 1978. Poco después del mundial, madrugada de un lunes, salida de Lagar del Virrey, dancing de Recoleta (o por ahí). Eramos Fino, un tal Charly (el pelado, amigo de Mariel) y yo. Treinta años después, no encuentro una puta razón para haber estado ahí esa noche: nunca me gustaron los boliches, y en esa época menos. Supongo que fui porque estaba medio regado: el domingo a la tarde había tomado whisky en una confitería de Primera Junta (no pregunten, no importa). Después, ya chupado, me mandé a la casa de Mariel. Al rato apareció Fino, y se empezó a tejer la telaraña. No estaba en mis planes ir a ese lugar de mierda, pero creo que Mariel y una tal Graciela (a.k.a. "el Ratón", según Pablo el Cordobés después de que lo cagara una noche, haciéndolo ir al pedo a un boliche) insistieron. Fino se entusiasmó con la idea (le gustaba bailar), y rompió las bolas para que le hiciera gamba. Then, alpedísimo como tantas veces, transé y fui. Descarto la suposición de que me movieran intenciones de algo con la chica esa, porque estaba borracho pero sabía con qué buey araba: en un boliche yo jugaba de visitante, sapo de otro pozo, no tenía plata ni auto... and so mis chances eran nulas. Una vez adentro, para soportar el lugar y la situación, me chupé mal, whisky con vodka y Gancia, y obviamente terminé en un pedo más o menos importante. Recuerdo que en un momento me sentí muy mal, destruido, y casi me desmayo: todo daba vueltas en sincronía con las bolas de cristales del techo, se me nubló la vista (o veía el mundo del color de las luces negras), y tuve que apoyarme contra una pared para no caer. Pero enseguida controlé ese estado desagradable, me recuperé, y seguí tomando. Mariel y su amiga, vaya uno a saber dónde estaban. Fino… con el pelado. Y yo deambulaba solo por ahí, aturdido. Me sentía una porquería imposible. Daba vueltas sin saber dónde ubicarme, y de repente estaba hablando con una niña que me puso el índice en el pecho y se ofreció a... ayudarme (¿¿¿???), pero de pronto mandó algo así como "estás mejor... vamos a bailar", y yo no estaba mejor un carajo, "no pendeja, vos sos una... traidora, y yo... yo..." yo nada, no me salían las palabras y me fui al carajo (era muy linda pero algo me asustó).
Al final de una noche para el olvido, salimos del antro y Fino le hizo señas a un taxi que pudo haber sido nuestra salvación. Pero no, el puto de mierda no paró, y años después todavía lo seguiría maldiciendo. Caminamos una cuadra hacia la Av. Las Heras, llegamos a la esquina, y ahí nos alcanzaron los muchachos de traje (onda “cieguitos” de los Twist) que habían salido del boliche detrás de nosotros, y creo que corrieron para no perdernos. Yo estaba muy en péu y no sentí miedo en ese momento. Nos pararon, nos revisaron minuciosamente (hasta las zapatillas), y… nada, lo mismo de siempre. A mí no me daban mucha bola, la cosa era con los otros dos. Supongo que al no haberme visto en movimientos sospechosos adentro, decretaron que yo estaba mamado y nada más. Me preguntaban si Fino era puto (en esa época hacer del propio culo un pito era delito, atentaba contra la moral y las buenas costumbres), y querían saber “quién trajo la falopa”. Yo había estado toda la noche en la mía, sin saber qué hacía Fino, y la verdad es que no entendía de qué hablaban esos canas parásitos. Pero ante tanta insistencia, me acordé de un maneje entre Fino y el pelado en el baño… y me empecé a preocupar, porque pasaban los minutos y los tipos seguían ahí, presionando. Al final, antes de dejarnos ir, nos secuestraron los cigarrillos al pelado y a mí, diciendo que los iban a analizar en el laboratorio (hijos de puta, fumaban de arriba), y lo peor de todo: anotaron las respectivas direcciones (a mí me incautaron una tarjeta personal). Esto último me mató: por un par de años no pude dejar de pensar que esos soretes tenían mi dirección como dato obtenido en un procedimiento.
Obviamente los tipos no eran idiotas: Fino y el pelado habían estado haciendo intercambio farmacológico en el baño, pero como seguramente no querían armar bardo dentro del boliche, nos siguieron a la salida.

La paz sea con vosotros
La noche del ’77 que nos llevaron a pie de La Paz a la 5º no fue agradable, pero la verdad es que no sentí más miedo que el mínimo razonable. Eran canas de civil, pero de una nos llevaron a una comisaría, y en cuanto entramos presentí que se trataba de una racia de rutina con fines de identificación, y nada más: no parecía haber peligro. El hecho de que nos alojaran en un calabozo con borrachos, cirujas y otros perejiles como nosotros lo confirmaba.
No me parece justo pasar facturas, porque todos lo que la vivimos sabemos que en esa época te encanaban sin razón, simplemente porque no les gustaba tu cara o porque tenían que cumplir con un cupo de detenciones por día, pero... el cordobés, violento por naturaleza, se zarpó innecesariamente. Paso a relatar. Cuando entramos al bar La Paz, había un operativo. Eran canas de civil, y por eso no nos avivamos antes. Uno le puso la mano en el pecho a Pablo, para que se detuviera, y el boludo se la sacó con un golpe. Ahí cagamos, marchen presos...
La nota graciosa estuvo a cargo de Pete (el amigo de Hector que era un clon de Pete Townsend, de los Who): en el calabozo no había baño, y cuando le dieron ganas, gritaba por la ventanita de la puerta "¡sargento, mear!"
No tiene nada que ver con el terror, pero quiero decir que esa tarde me había comprado Romantic Warrior, que era nuevo…

Tuve miedo todas y cada una de las veces que nos pararon por la calle en aquellos tiempos duros. Sabía una parte de lo que estaba pasando, y sospechaba la otra. Pero uno se acostumbra a casi todo. Que rompieran las pelotas era cosa de todos los días, y entonces lo empecé a tomar con cierta naturalidad. La experiencia me enseñó que cuando te pedían documentos, por lo general te terminaban dejando ir, ya que si tenían otras intenciones les importaban tres carajos los documentos: te levantaban de una y te llevaban (la noche de La Paz fue una excepción: nos pidieron los documentos y los retuvieron mientras nos arriaban caminando hasta la dependencia policial, seguramente para evitar que alguno se les perdiera por el camino).
Yo, como muchos de los que no la pasaron peor, la pasé bastante mal durante la dictadura. Pero parece que esos señores nunca me vieron cara de peligroso, porque jamás me interrogaron acerca de cuestiones más densas: siempre jodían con la facha, el pelo, las drogas… Por suerte.
No estaría completa una reseña de los más grandes miedos en mi vida si pasara por alto los que sufrí cuando parecía que se iba a pudrir todo con Chile (por esas islas de mierda), y durante la guerra de Malvinas. Aunque no se por qué, tuve mucho más miedo ante la posibilidad de una guerra con los chilenos que cuando el maldito alcohólico tomó las Malvinas. Estaba aterrado, ya que a pesar de no tener instrucción militar, mi edad era la de ir al frente llegado el caso. Pensé en huir a la Banda Oriental, o conseguir que me internaran en el Borda, y no habría dudado en hacerme romper el culo si eso me hubiera garantizado ser descartado por el ejército como eventual efectivo de reserva. En cambio cuando comenzó lo de las Malvinas, no tuve tanto miedo: sabía que tras la ocupación de las islas, el conflicto habría de durar lo que tardara en llegar la flota inglesa para recuperarlas, y en ningún momento pensé en una guerra larga que demandara al Ejército Argentino la incorporación de reservistas con una mínima instrucción de emergencia.

Después, ya en democracia o casi, viví tres situaciones de mucha tensión gracias a Gillian. Seguramente no corrí ni ahí el riesgo que años antes conllevaba una simple detención de rutina policial, pero igual sentí un terror paralizante: tal vez no me fueran a "desaparecer", pero pude haber quedado pegado por consumo y portación de bonitas flores verdes.
Va la primera. Aun sabiendo que a mí me ponía de la nuca, Gillian tenía la puta costumbre de armar en el auto. Jamás pude conseguir que dejara el pedazo en su casa y llevara sólo uno o dos fasos armados. Creo que la guacha me lo hacía a propósito, sacaba el envoltorio y se ponía a armar en cualquier parte, en pleno centro por ejemplo, mientras yo manejaba. La noche en cuestión íbamos por Brasil (creo) hacia el Bajo. Al llegar a Ing. Huergo doblé y… toda la cana toda, cortando la avenida y parando autos, bruto operativo y nosotros… fumando, Gillian con la pelota de papel de diario todavía en la mano, clavándose una seca, y en el auto una baranda... En un instante pasaron mil cosas por mi cabeza, me sentí paralizado por el miedo. Supongo que me habré puesto blanco, o verde, o no sé de qué color. "Dame el faso", le dije, y sólo atiné a tratar de morfármelo… pero no pude: era muy gordo (her style) y mi garganta se cerró. Fue terrible. No me quemé, porque al metérmelo en la boca lo apagué al toque con la saliva, pero al intentar tragarlo… no pasó. Fueron apenas unos segundos, pero me pareció una eternidad. Con el charuto dentro de la boca, puse cara de “ni se les ocurra romperme las pelotas, voy en un Falcon blanco”, miré a los canas y esquivé lentamente pero con decisión todos los patrulleros dispuestos en laberinto sobre la avenida. Zafamos, no me pararon. Pocos metros después miré por el espejo retrovisor para asegurarme de que el milagro había sucedido, y “¡concha de tu madre, retardada mental, te tendría que cagar a piñas por imbécil!”, pero no way, se reía, sólo se cagaba de risa… “no loco, vos no creés en mí, ya te dije que conmigo no tenés que tener miedo”, y seguía riéndose.
Otra. Habíamos salido con Sergio Astarita (RIP). Recuerdo que esa noche no tenía ganas de manejar, y le di la llave del auto a Sergio, “manejá vos”. Sólo una difusa imagen del abrigo de Sergio (un sobretodo tal vez) me revela que hacía frío: había estado en cana poco antes, por incidentes con sustancias ilícitas, y para caretear se vestía como un gentleman. Fuimos a un pub nuevo que había en la Boca. Creo que Sergio era uno de los socios, pero no estoy seguro: solo sé que los dueños eran conocidos. De repente entra la yuta, con malas intenciones: se encienden las luces y empiezan a pedir documentos. Yo no debí haberme alterado, porque no estaba en falta alguna, ni siquiera había tomado alcohol… Pero enseguida caí en la cuenta de un par de situaciones… por lo menos comprometedoras. Uno, había dejado los documentos en el auto, y la llave la tenía Sergio. Dos, Gillian andaba como siempre con el mazapán encima. Por suerte no pasó ná: después de molestar un rato a los portadores de las caras más sospechosas, se fueron sin reparar en nosotros.
La última. No se cómo ni porqué, una noche quedé estacionado a una cuadra de la Plaza Matheu (La Boca), con un desconocido atrás. Gillian, que iba adelante conmigo, se había bajado con un pibe del barrio para encarar la placita, donde estaban los dealers pendejos de la barra brava de Boca, y el otro quedó sentado en el asiento trasero. De repente veo que se aproxima un patrullero, que pasa muy despacio por al lado de mi auto, que para adelante y se bajan… Yo no sabía qué carajo decir, inventé cualquiera, pero ni siquiera sabía el nombre de mi acompañante (una de las preguntas clásicas en tales situaciones era "¿cómo se llama el señor, de dónde lo conoce?"). Estar estacionado en una oscura calle de La Boca a las doce de la noche con un desconocido ya era sospechoso de por sí, pero lo que más me preocupaba era que justo aparecieran Gillian y el otro con la reciente compra… Obviamente no iban a ser tan pelotudos de encarar derecho hacia auto viendo que estábamos en plena tertulia con los amigos azules, pero tratándose de Gillian… cualquier delirio era posible: una noche se fue de compra a una villa cerca del Camino Negro, sola, y como no pasaba ningún colectivo hacia el centro… hizo parar a un móvil de prefectura y les pidió que la llevaran, “vengo de estudiar con una compañera de la facultad, no pasan colectivos ni taxis, este lugar es muy feo y me da miedo…” La acercaron hasta el centro, ella con su pedazo en la cartera, muy entretenida charlando con los milicos… ¿Sentiende?
Gus