viernes, 27 de febrero de 2009
Los fantasmas de La Opera
No sé qué es mejor. No sé qué es peor. No sé casi nada: cada vez más me muevo instintivamente, empujado por la inercia que me lleva hacia adelante.
Cerré aquella puerta del escape perfecto, tiré la llave en una alcantarilla, dejé de pensar lo que ya no me cabría, y empecé a soportar todo con una visión distinta del dolor. No me pidas que sea más claro o más profundo. Digamos que el amor hace milagros...
Te conté que el pasado nunca me hizo mal, que nunca me jodió. Es el presente lo que jode y hace mal. Es el futuro lo que asusta. Pero el pobre pasado... no tiene fuerza ni poder alguno sobre mí. Mambo mío: no digo que las cosas tengan que ser iguales para todos. Creo que la clave para no seguir sufriendo hoy las puñaladas de ayer está en la luna que fue, y no en el sol que vendrá. Sufrir hasta perder la noción, y dejar de sufrir cuando el dolor se acabe, que nada es eterno.
Como sea, amo mi historia. Con sus capítulos buenos y sus desastres más horrorosos. Por eso me gusta darme vuelta para mirar atrás, con esa nostalgia que no es buena ni mala, y revivir en la memoria aquello que es mío porque lo fue. Lo hago como desde afuera, pero me termino metiendo porque siento un dulzor templado en esas aguas que ya no mojan, y sin embargo humedecen el alma. Me gusta más que mirar hacia adelante. La hoja en blanco se llenará de cualquier manera, y pasará a ser una más de las que miraré atrás con más entusiasmo que cuando estaba adelante, vacía y temible.
Me parece que este Guido 2004, si pudiera entrar al túnel del tiempo para viajar hacia atrás, sería un terrorista del pasado, tiraría bombas, volaría lugares, cortaría cabezas, no dejaría nada en su lugar. Y al volver al futuro.. ¿habría cambiado algo? Creo que sólo explotan las granadas tiradas acá, hoy.. Pero hoy acá uno ya no tiene contra qué tirarlas, ni sirve intentar destruir lo que ya no existe...
Se puede dejar de hacer algo por la fuerza, pero.. ¿se puede dejar de recordar por decreto, se puede cambiar lo que se siente sólo proponiéndoselo?
Si encontrás la entrada al túnel del tiempo y decidís emprender alguna cruzada tipo cacería de fantasmas, avisáme para que no viaje al mismo tiempo, porque seguramente sería tu enemigo..
Hagamos algo: no hablemos más de encuentros de fantasmas en La Opera. Olvidáte. Olvidémosnos. Si algún día yo estoy allá y se me vuelve a ocurrir la misma idea, te diré “Guido, ¿te prendés?”. Y vos me decís “sí” o “no”, sin explicaciones ni pistolerías de terminator italiano ajustando cuentas a su pasado. Porque en tu rancho la idea hizo demasiado ruido para ser simplemente una estupidez o algo que no te atrae y te resbala. Si en ese momento te olvidás de las imágenes de la vieja película, y si queda en vos algún sentimiento rescatable hacia los otros personajes.. tal vez te cope mi espantosa propuesta. Y si no.. está todo bien: me basta con saber que a mí sí me querés en tu hoy.
Asumámoslo, Guy: nos une este presente virtual que vence distancias, y también (o porque) nos une un pasado real (ese que no nos pudo separar). Nos unen el amor y el espanto.
A veces no tengo qué contar. A veces tampoco me da la cabeza para inventar, improvisar o sacar conejos de una galera vacía. Cuando eso me pasa, el recurso más simple es responder. Pero a veces me resulta difícil responder tus mails. Me gustan, son volados, son copados hasta desde lo literario, y fundamentalmente revelan un estilo definido (the Guido style). Pero si yo entrara a vibrar en la misma frecuencia, lo nuestro terminaría pareciendo una cantata interpretada por el coro de niños mogólicos de Balvanera. Y además, no es ese mi estilo hoy.
Por si no se nota, te aclaro que esto es una explicación de por qué a veces se demoran mis correos.
Gus (2004, para Guido)
Dar el alma
Entonces: pedacitos de mi alma. Esta vez con un tema que los une y que podrìamos llamar amor...o desamor.
UN POLVO
All you need
el polvo caído sobre una armónica
relación más la humedad
que desalienta los tonos
no hacen otra cosa
que reflejar la ley
de gravedad.
ESPIRAL
is
no deja nunca
espiral
de sorprender a las manos
nadie
se acaricia dos veces
en tu misma
piel.
ROCE
love
para rozar un olvido
que los ojos no cejan
él murmura una y otra
vez cuando ella entra
los labios y deja
caer ramas por dar.
el vacío que se ve
trama la noción
de las preguntas entre sí.
Dill
Es decir...
¡Datos con precisión milimétrica, qué hijo de puta, trucho de mierda, un mentiroso de luxe, ¿cómo pude...?! Guidino, enseñáme a afanar y estoy completo, creo que esa es la única gracia que me falta (hablo de objetos voluminosos, como cámaras fotográficas antiguas, paquetes de galletitas y "chalinas" violeta de la iglesia de Luján, porque money... ya sé).
Los gallinazos que están al costado de la ruta del Ramal Salteño way up to Tartagal (no, no me estoy haciendo el Gabo, de verdad hay gallinazos ahí), son un asco, marrones, una inmundicia que vuela. Y encima te miran con cara de culo los hijos de puta. El otro día hice bosta uno. No a propósito, obviamente. Pero el freno ni lo toqué, sólo me puse la mano sobre la cara por si se rompía el parabrisas, ni loco hubiera clavado la Master a casi 160 km por hora sólo por un pájaro pelotudo que hizo mal el cálculo. Por suerte no impactó en el vidrio, sino en el pedacito de chapa donde empieza el techo encima del parabrisas.
Hola Sr. Alfred... ito, ¿cómo va? Mucha plata, no? D'you still remember me? Yo si me acuerdo de usted. Y me cago en su estúpida alma. Estúpida pero no por eso menos cochina. Usted me trataba bien, pero con esa onda repugnante del que se cree un ser superior ante un ser inferior, sólo porque tenía mucho dinero, y mientras yo le sirviera, su buena onda olía a soborno. No me regocijo por lo que pasó después, porque el más jodido fui yo. Pero toda esa plata que yo me comí, yo me fumé, yo me chupé, yo vestí a mis hijos... toda esa plata que era suya y se le perdió, la debe seguir llorando, como si le hiciera falta, pedazo de mierda... Sr. Alfredito, usted a mí me puede chupar la pija en puntas de pie...
Como antes, como en los tiempos de aquellos estúpidos cuadernos... pero no, esto es diferente. Y, en todo caso, más fácil de eliminar: basta un par de clics y no queda nada, ni cenizas.
Muy buena foto compadre. Como si quien apretó el botón supiera... Esa imagen, su imagen, tiene alma (su alma). Alguien que no lo conozca, lo conoce a través de esa foto. Y como no creo que en su laburo haya alguna sensibilidad artística disparando obturadores, sé que el resultado es mérito suyo (involuntario, pero mérito al fin). Lo veo a usted, y también veo a Don Julio (el nuestro, el del dark side), al otro Julio (el de Rayuela, aunque no por un parecido físico que no es: usted es... más... es menos feo), al Che, y a un misterio que no va a estallar porque los dioses ya decidieron desde el comienzo que asi sea, pero que hace mucho (mucho) ruido desde su silenciosa performance. Sí, a fucking beauty photo, como dijo alguna chica por ahí, en los comments...
En este apartado me siento una especie de... Rantés medicado.
jueves, 26 de febrero de 2009
Dar la cara...
And others never learn,
But why this man did as he did
Only he will ever know.
He knew he was walking
Into a waiting trap,
Neatly set up for him
With a bait so richly wrapped.
So he went inside there to take on what he found
But he never escaped them, for who can escape what he desires?
¿Alguien me puede decir cuándo? Podría ser 1978, después de los sucesos de agosto que me alejaron del cordobés y Héctor (o que los alejaron a ellos de mí, ya poco importa). Es una lástima que a Paula (then Paola) le haya temblado la mano en el preciso momento en que el obturador se abría para capturar en blanco y negro cuadradito los colores mágicos de aquella tarde en que tocamos el tema de Eduardo (agachado vayaunoasaberporqué, como una especie de non blonde brother of mine). En esos tiempos de inocencia y mala siembra, no era necesario aun que yo estuviera en el centro: podía ser Dill la amalgama de las tres G, como en la foto. Todavía recuerdo el tema de Edy, resuena maravilloso en mi cabeza con la magia de lo que no debía ser (y no fue), recuerdo el solo que le hice (podría tocarlo ahora exactamente igual), dió que hablar...¿Qué le pasará a Guidino el terminator italiano destroyer of the past, al ver esta foto?
¿Comienzo de los '80? Tal vez. Héctor todavía estaba... bien, o por lo menos en este mundo. Miraba a la cámara desafiante, como sabiendo que no sería un conjuro de sal de plata lo que le robaría el alma... El otro es Guillermo (el ex de mi prima Marcela).Si hay algo que no soporto es el mal gusto, Doña Olga, sepa usted perdonar el Photoshop...
Dill & Gus '80, Almendra en Obras... ¿Te acordás hermano? Me cago en el que sacó la foto, en la cámara y, sobre todo, en el lab que la procesó: me volví puto para eliminar los rojos de más, a costa de perder calidad.
La primera vez que tuve una SG en mis manos, desenchufada, para la foto nomás. Esta era color cherry, De Luxe. La segunda la toqué enchufada. Era de un tarado que se llamaba Román (¿?)
¿Final del juego? No, faltaba mucho todavía. Es sólo mi pose que... me recuerda a la protagonista del cuento.
Otra vez el gordito maraco, pero fue para tí mon cher, Guidino. Y después de esta bonita página... te voy a dar un beso mi amor.
¿Quién sería "el cabezón"? Todos amanecidos after... ¿Stress?, yo borracho seguramente, y Guidino, que no se ve... en pijama (celeste). ¿Qué canta la niña? parvas tu hermana tan descalza... "Vos sos un hijo de puta", me dijo el gordo unos días después con cara de sed de sangre, porque se había enamorado, snif... lo lamento cochino, no fue mi culpa, siga participando...
No way, serás rojiza a mi pesar, no pude, me venció. Por lo demás, la dama ha sido cortada, removida, para que no me putéen, ¿OK? Lo siento, discúlpame, yo no hice nada...
No existía el Photoshop, pero con la ayuda de Guidino y un dedo... ¡La nariz, si eso fuera todo! Lo peor es invisible a los ojos...


Una de carnet. 1992...
Si yo contara lo que me pasaba... Una infección. Terrible. Sí, ahí mismo...
Yo dementemente ebrio. Mucha gente, esta siempre fue la casa más popular de la city... Supongo que se había terminado el vodka, supongo que llovía y yo me quería ir a comprar más... así disfrazado, supongo que la mujer me trataba de convencer de que no más. Alguno nos escrachó sin permiso. Tuve que editar la foto porque la flaca siempre la odió ("parezco más en pedo que vos", y no había tomado nada). Otras épocas, ya no tomo así...
1995. Cara de post guerra... Nunca supe por qué me pegaron, estaba tan borracho... Fue peor de lo que se ve, el pelo tapa los cinco puntos sobre la ceja izquierda. Lo que más me dolió fue que Hector haya cobrado también (le dejaron un ojo a la miseria) sin saber de qué se trataba: siguió caminado, hablando solo (enpedísimo too), hasta que notó que yo ya no estaba a su lado, y cuando se dió vuelta lo embocaron. Eran cuatro y no les gustó mi cara, evidentemente. Terminamos en el Ramos Mejía, donde me repararon un poco el rostro, y a Hector le dijeron "no pibe, vos a Santa Lucía".
Con Pupy. Mucho descontrol en aquellos días de hard rock in Jujuy. Demasiado alcohol...

martes, 24 de febrero de 2009
Amenaza a Nebuland
Gus
ENGENDROS
Soy un desastre, no tengo ganas ni siquiera de lo que tengo ganas, y entonces no sirvo ni para lo que sirvo. No importa, a mí no me importa. Nada. Esto es un quilombo, igual que mi cabeza. Tómenlo o déjenlo, es lo que hay…
Antes de hacer clic en Play, sugiero apagar el otro reproductor (el que se abre con el blog) para evitar sorpresas polirítmicas y atonalidades no deseadas. Y si tenés auriculares a mano, mejor.
Esto puede ser una mierda (todo depende del oído que lo escuche) pero… no deja de sorprenderme, porque… yo no sé escribir música, loco, no sé escribir ni leer (apenas puedo deletrear), yo cuando tocaba la viola no usaba papel adelante, y entonces no importa si lo que escribo es bueno o es una porquería: no logro entender cómo está escrito. Si es una mierda, en todo caso es una mierda escrita y… ¿me pueden decir quién carajo la escribió? Yo no, porque ya aclaré que no sé. De verdad, no me estoy haciendo el pelotudo ni el poseído. No entiendo nada…
Gus
domingo, 15 de febrero de 2009
Proyecciones
Si en cambio la pregunta fuera ¿qué te gustaría ser en la próxima vida?... supongo que lo pensaría un poco, para no caer una vez más en las estupideces que dije últimamente (piloto de Fórmula 1, jugador de fútbol, ¡¡¡mecánico!!!), y terminaría respondiendo: “dame unos minutos para elegir el instrumento”. ¿Guitar hero, rock’n’roll star?, ¿pianista de jazz como me imagino en el reino de la fantasía cuando escucho a Bill Evans?, ¿guitarrista/compositor con un talento de la hostia, tipo el Flaco?, ¿bajista de jazz-fusion poseído por el espíritu del maravilloso Jaco? No se, eso se vería, pero despojado de los tics de resentido que me llevaron a imaginarme en cualquiera, creo que los dioses me están debiendo una vida de músico…
martes, 27 de enero de 2009
Cuentos de terror
Al final de una noche para el olvido, salimos del antro y Fino le hizo señas a un taxi que pudo haber sido nuestra salvación. Pero no, el puto de mierda no paró, y años después todavía lo seguiría maldiciendo. Caminamos una cuadra hacia
Obviamente los tipos no eran idiotas: Fino y el pelado habían estado haciendo intercambio farmacológico en el baño, pero como seguramente no querían armar bardo dentro del boliche, nos siguieron a la salida.
Yo, como muchos de los que no la pasaron peor, la pasé bastante mal durante la dictadura. Pero parece que esos señores nunca me vieron cara de peligroso, porque jamás me interrogaron acerca de cuestiones más densas: siempre jodían con la facha, el pelo, las drogas… Por suerte.
lunes, 26 de enero de 2009
Spinetta: yo elijo, vos ve...
Si hacés clic en esta imagen, se agranda. Los links para descargar este primer discos son:viernes, 23 de enero de 2009
¡Feliz cumple, Flaco! (Dill)

en tus ojos,
no sé que hago,
aquí en el sol...
siento esta memoria,
no sé qué dice...
Que extraña niebla,
en tu ojos,
ya no recuerdo,
los tiempos idos,
pero que extraña niebla...
Y en el diluvio tal vez,
me acercaré,
seré la lluvia,
que todo lo cambiará...
Nunca me oíste en tiempo...
siempre tuvíste miedo...
y solo había gramilla...
solo una idea,
y nada más...
Que lento sueño,
tu supuesto sueño,
que largo día,
hasta llegar aquí,
perdíste tiempo,
como la noche,
yo mañana vuelvo...
Que inmenso mundo,
si supieras,
te esperaría aquí,
en el sol pero que lenta calle...
Y en el diluvio,
tal vez me acercaré,
seré como la lluvia,
que todo transformará...
Nunca me oíste en tiempo,
nunca me oíste en tiempo...
siempre tuvíste un poco de miedo...
pero ahora estás a tiempo...
(escucha)
miércoles, 21 de enero de 2009
¿Disfraz?
Julio Cortázar decía algo así como que había que crecer pero sin dejar de escuchar al niño que fuimos (y no sé por qué empariento esa manera de pensar a la frase del Che que decía que había que endurecerse sin perder la ternura jamás). Como en otros aspectos de la vida pienso que lo anterior puede, de alguna manera, alentarse, "trabajarse" o al menos intentarse, pero en definitiva creo que es algo que se tiene o no. Digo: el niño que fuimos, el adolescente que nos habitó, estará más cerca o más lejos de estos adultos en los que nos hemos convertido debido más que nada a aquellos azares que conformaron nuestra personalidad y nada más (al menos hasta que algún científico malhumorado "descubra" que hay un gen que en algunos impulsa a ese niño-adolescente para que intente asomar sus travesuras a través de nuestros ojos de hombre). Mientras tanto doy gracias al espíritu que las merezca por tener siempre al alcance de mi mirada a ese infante que no me tira piedras sino que me convida a estar con él , a ese jóven que no deja de tener veinte años y todos los deseos del mundo y me dice "soñemos" y no "viejo de mierda". Algunos juegos de la infancia prefiguran al adulto que seremos: no puedo olvidar una fotografía (que aún conservo) de unos carnavales de cuando tenía diez años. Estamos con los pibes del barrio disfrazados mirando de costado ya que el sol de la tarde nos hería los ojos en aquella calle de Lanús: mi hermano de payaso, Miguel de espantapájaros, uno se había pintado con corcho quemado la cara y decia que él era un Negro y otro era un fantasma de clásica sábana agujereada en los ojos. Yo me había pintado, también con corcho, una barba y unos bigotes, había conseguido una camiseta media rota, había recortado unos "vaqueros" que ya no usaba y dejado las hilachas colgantes y me había puesto mis zapatillas Flecha. Hasta aquí imposible descifrar de qué corno estaba yo disfrazado. Pero éso lo resolví escribiendo en la camiseta con carbón y trazos gruesos y en diagonal hacia abajo la palabra que le daba nombre a mi disfraz y a lo que yo quería ser: yo escribí con temblorosas letras en el pecho de esa camiseta la palabra "Hippie". Eso quería ser yo a los diez años (pleno auge del hippismo -y de mi infancia-). Y estoy orgulloso de ese disfraz (de ese deseo temprano). Porque "Hippie" en mi mente infantil quería decir libertad, cosas espirituales, música, cagarse en los convencionalismos, amor, juegos y risas que esos grandotes, esos "viejos" de veinte, treinta, ostentaban con alegría en el barro de Woodstock. No se parecían a esos otros "viejos" a los que les gustaba vestirse de traje y corbata, que se habían olvidado de jugar, que estaban todo el tiempo con la seriedad de los serios, que buscaban tener cada vez más dinero y más cosas y que ya nunca más iban a abrir la puerta para encontrar maravillas en el país de Alicia. Mantener el niño cerca de nuestra carne que va conociendo las pequeñas y tenaces arrugas y canas me parece que hace la vida más apetecible. No he cambiado mucho desde mi adolescencia, he tratado de mejorar lo mejorable y no empeorar lo empeorable, me llena la vida la música y trato de abrir siempre la mejor puerta que existe y que se llama fantasía: allí no hay juegos prohibidos para ningún cincuentón. Sigo teniendo los mismos ideales y casi los mismos poquísimos amigos de entonces. No alejarse del niño que fuimos y seguir pensando como Spinetta: que "Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca" son dos de mis banderas más queridas. Yo todavía soy aquél disfrazado de hippie. Quizás sea ése el logro más importante de mi vida de "adulto" y eso, aunque no me haya costado ningún esfuerzo, me enorgullece.
Dill
domingo, 11 de enero de 2009
Crónica de una tormenta
Una tormenta es una tormenta, y los lectores optimistas de la realidad dicen que siempre que llovió paró, pero yo.. no pudiendo por naturaleza ser optimista, me reservo el derecho al pesimismo tras las conclusiones razonables que una mente lógica elabora a la luz de la evidencia. Sé que toda lluvia para; pero más allá de la duración de la tormenta, no puedo concentrarme en buenos augurios, sino más bien en la evaluación de los daños. Hay lluvias y lluvias, no son todas iguales. Algunas causan estragos, inundan, destruyen, matan.. Esta parece ser de las peores: si no me ahogo, habrá tanto que reconstruir..
Antes de la aparición de las primeras nubes, mi vida era.. fácil (fácil = tranquila y cómoda). Después, cuando se empezó a nublar, todo seguía siendo relativamente liviano, pero ya con ciertas limitaciones: la tranquilidad comenzaba a derrumbarse.
No puedo ver al trabajo de otra manera que como una forma de esclavitud. Tal vez una esclavitud moderna, camuflada, disfrazada de libertad, en la que el amo no es una entidad personal sino una abstracción.. pero esclavitud al fin. Desde esa óptica, diría que el laburo que perdí hace poco más de dos años era una esclavitud bastante libre. Como de puta VIP, digámos.
Pero antes de seguir, vuelvo un poco hacia atrás. El intrigante y largamente esperado año 2000 llegó, y me encontró al volante de un cochino taxi. Sin embargo todo parecía sugerir que, milagrosamente, mi vida entraba en una dimensión de cambios radicales, para bien. Gracias a una serie de casualidades que signaron mi estrella, en abril empecé a trabajar para una empresa de una provincia vecina, representante de otra empresa mayor, líder en el mercado de los lácteos. En mayo, cuando llegó mi hijo, yo ya era vendedor de la marca en Jujuy. Si tenemos en cuenta que no era fácil para un inútil de 42 años conseguir un trabajo bueno y seguro en este país reventado, supongo que cabía decir que mi suerte fue más que buena. Todo se solucionaba, y en los años de relativa prosperidad que siguieron, llegué a creer que me habría de jubilar en las mismas condiciones, llegado el momento..
Tiempo después, cuando algunas manchas sugestivamente negras empezaron a aparecer en el horizonte para alterar la calma, llegué a la conclusión de que hay que tener mucho cuidado con lo que se desea, porque se puede cumplir. Antes del 2000, yo deseaba tener un laburo como el de mi cuñado, y cuando él cayó en desgracia, dos años antes que yo, temí seguir corriendo su misma suerte: todo hacía prever que difícilmente pudiera soportar los embates de la crisis post Mendez.
Los primeros años estaba todo bien. Hasta podría decir que en un país en reversa para los laburantes en general, yo gozaba de una situación privilegiada.
Teniendo en cuenta mis hábitos austeros y mi medida ambición, mi vida era tranquila y cómoda (fácil, por propia definición). Los dos parámetros a considerar funcionaban a la perfección, y en equilibrio: las condiciones de mi actividad eran totalmente soportables, y ganaba lo suficiente para no tener ningún tipo de sobresalto en el bolsillo. Dicho de otra manera, el laburo no me atormentaba, no me resultaba insoportable, y ganaba bien. No tener que cumplir horarios era una bendición parecida a la libertad. No tener que madrugar, ni justificar nada, ni dar explicaciones que nadie me pedía, eran detalles no menores. Yo tenía que vender, cobrar y depositar la guita, y mientras el objetivo se cumpliera, nadie me jodía. Obviamente no me levantaba muy temprano (las 9:30 era una hora razonable para tomar unos mates con mi mujer antes de salir a la calle), ni trabajaba los fines de semana (ni los feriados): normalmente, los viernes al mediodía terminaba mi semana laboral, hasta el lunes a la tarde. Le dedicaba al trabajo un promedio de cinco horas diarias, movilizándome en mi auto, y con eso alcanzaba. No ganaba guasadas, pero mis ingresos superaban ampliamente los promedios de la gran mayoría. Otra buena era que no tenía que esperar a fin de mes para cobrar: diariamente tomaba las comisiones que me correspondían, y también podía disponer de adelantos semanales de hasta doscientos mangos sin pedir autorización (y en este punto aparece el arma de doble filo, el tiro que terminó saliendo por la culata cuando la mano se puso pesada). Estaba en blanco, todo legal, y por mucho tiempo mi relación personal con el dueño del circo (the boss) fue lo suficientemente buena como para que llegara hasta a ofrecerme dinero para cambiar el auto.. No tenía deudas, pagaba todo en tiempo y forma, vivíamos bien, comíamos y chupábamos lo que nos diera la gana cuando nos diera la gana, delivery de pizza un par de veces por semana, salir a comer afuera con frecuencia, asado todos los domingos, y los viernes.. esas picadas full que hoy tanto extraño..
Resumiendo: tenía un laburo liviano que no me abrumaba en absoluto, y me proveía los medios materiales para vivir sin sobresaltos. Esto duró unos tres años. Después todo empezó a irse a pique. No fue algo repentino, sino más bien como una bomba con una mecha muy larga que, una vez encendida, yo veía consumirse lentamente sin poder hacer nada para apagarla: el fuego avanzaba inexorable mientras la impotencia me limitaba a seguir haciendo lo que podía. Mi vida ya no era tan fácil: seguía siendo cómoda, y no nos faltaba nada, pero el precio a pagar era la pérdida de la tranquilidad.
Después de muchos meses de nubes cada vez más negras, en noviembre de 2005 estalló el temporal: la tormenta se desató con la virulencia esperada, ya no pude mantener oculta la columna del debe, 25 lucas que después de haber pasado por el bolsillo izquierdo.. ¿dónde están, quién las tiene?, las tendrá el Gran Bonete, porque yo.., y entonces "queremos el telegrama de renuncia mañana, como un gesto de buena fe."
A la mierda, todo se fue a la mismísima mierda. Y empezó otra historia de la que no tengo ganas de hablar: sólo espero que pronto sea apenas un mal recuerdo..
Gus
Ser o no ser...
Gus
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Balance
Vivo un presente que amerita ser etiquetado como “de mierda”, pero sólo en lo que tiene que ver con el dinero. Puedo decir, exagerando, que está todo mal, porque dentro de un orden en que los individuos somos esclavos de un sistema económico (esclavos parias o esclavos VIP, pero esclavos al fin), sin dinero para acceder a bienes de consumo se la pasa mal. Puedo quejarme, putear, llorar mi jodida suerte, y no mucho más: sin poder económico, se puede muy poco… Sin embargo, si me ofrecieran resetear mi vida, barajar y dar de nuevo, elegir otra vida… no es mucho lo que cambiaría: básicamente mi vida es la que tomé, la que quiero y la que volvería a elegir, con apenas algunos ajustes en el plano material. El dónde/cómo/con quién estaría bien así, con esos leves cambios en el bolsillo.
Pero voy a ser más específico. Empecemos por el dónde. La verdad es que Jujuy me tiene un poco podrido. Llevo casi veinte años viviendo acá, y aunque no diría que me siento invadido por una compulsión de fuga, no me disgustaría que un cambio sanador del contexto general se diera en otro lado. Supongo que mi incomodidad con el lugar tiene que ver con que esta ciudad es como un símbolo de la malaria actual, y si pasara esa malaria, seguramente desaparecería la incomodidad. Pero mi mujer y mi hija porteña también están podridas de Jujuy, y a partir de eso, digo que me gustaría que nos pudiéramos ir a la mierda. No a Buenos Aires, pero sí a algún lugar copado. Si pienso en una vida ideal para mí, esa vida es fundamentalmente indoor, porque no me gustan ni las calles ni la gente, soy un ermitaño feliz dentro de mi casa, y entonces me daría lo mismo vivir en Bogotá, New York o Caleta Olivia. Pero por mis hijos preferiría un lugar con más vida y alternativas que Jujuy, ya que acá no pasa nada, nada de nada. Sigo con el cómo. Mi vida ideal sería muy parecida a esta, pero sin apuros económicos. Que no sobre nada, pero que tampoco falte. Soy un ser bastante austero, sin ambiciones exageradas: me basta con lo necesario para pagar los gastos fijos y que aun así en mi casa se coma bien. Puedo vivir sin un plasma, sin una computadora que sea el último grito de la tecnología, sin un auto de alta gama (si me apuran hasta diría sin un auto), sin aire acondicionado, sin tomar Chiva’s ni fumar Parisiennes, sin ir a comer a restaurantes caros, sin frecuentar shoppings. Si me tengo que ir de este planeta sin haber pisado Europa,
Resumiendo, si pudiera elegir algo diferente de esto, sería algo no muy diferente. Me gusta levantarme temprano en tiempo de clases para llevar a mi hijo al colegio en auto, y volver con facturas para tomar mate con mi mujer. Me gusta ir al super a hacer las compras, y después hacer tiempo en la compu hasta la hora de ir a buscar a mi hijo al colegio, y a la siesta subir al dormitorio y echarme en la cama a mirar tevé, o dormirme si Morfeo así lo decide. Me gusta poner música abajo a la hora del mate de la tarde con mi mujer, y después sentarme frente a esta máquina del demonio. Después cenar en casa, una buena picada, o sándwiches, o delivery de pizza, o bajar al centro a comer en algún lugar agradable. Una vida no muy diferente a la que llevaba en la época de
Gus







